Un tema impostergable

Por: 08:55 AM 2018-01-04

Días atrás el prestigioso diario The New York Times (NYT) le dedicó varias pá- ginas a un artículo titulado “Epidemia de soledad”, que ahondaba en los nefastos efectos que puede tener este estado sobre la salud cuando no es deseado.

Desde lo conceptual, la neurociencia plantea que no es lo mismo la soledad, ligada a la percepción propia, que el aislamiento, referido a la medición objetiva de relaciones e interacciones, aunque está claro que pueden darse juntas. Fisiológicamente, investigadores del Massachusetts Institute of Technology (MIT) identificaron una zona en el tallo cerebral que sería donde se generan los sentimientos de soledad. Esta región era, hasta hace poco, solo conocida por su vínculo con la depresión.

Por otra parte, estudios recientes dan cuenta de que la mortalidad temprana se incrementa un 26% en personas que atraviesan soledad, un 29% en personas que atraviesan aislamiento social y un 32% en quienes viven solos. Se trata de un riesgo mayor que el que acarrea la obesidad. La enfermedad cardíaca y el riesgo coronario, asociados a la soledad y al aislamiento social, sugieren asimismo peligrosas correspondencias. Se mencionan también el aumento del cortisol u hormona del estrés, y modificaciones en la producción de glóbulos blancos.

Mientras tanto, el sistema de salud pú- blico ya comienza a verse afectado, pues hay una clara conexión entre la soledad y la utilización de servicios médicos. Se ha comprobado que, en adultos mayores, la soledad crónica aumenta tanto la enfermedad como el empleo del sistema de salud. Son muchos los pacientes que concurren a los consultorios porque se sienten solos, más que por necesidades de salud.

El tema es por demás complejo e impostergable de cara a una pirámide poblacional con esperanza de vida en aumento y bajos índices de natalidad, que irá tornando más urgente la necesidad de dar respuestas efectivas y afectivas.

El Censo 2017, cuyos resultados se conocieron días atrás, muestra que en Ñuble, tal como viene ocurriendo a nivel nacional, la población está envejeciendo de manera acelerada. Son 65.116 personas mayores de 65 años las que viven en la región, equivalentes al 13,5% del total, mientras que al hacerse el ejercicio de calcular cifras que consideren a todos los que superan los 60 años, el porcentaje alcanza el 18,93% de la población.

Los efectos políticos, sociales y económicos de este nuevo escenario aún no terminan de comprenderse en su verdadera magnitud. Por eso, urge trabajar en un profundo cambio de mentalidad, también en el seno de las familias, para acompañar los nuevos paradigmas.

Como sociedad nos comportamos en forma contradictoria: por un lado, buscamos afanosamente prolongar la vida y, por el otro, no nos hacemos cargo de adecuar la estructura social al nuevo orden. Debemos abocarnos sin demoras a diseñar e implementar alternativas innovadoras, ajustándolas a nuestra realidad, para mitigar los efectos económicos del envejecimiento poblacional y para atender psicosocialmente las necesidades de este segmento injustamente castigado. Indudablemente, va en ello nuestro propio futuro.

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