[Editorial] Violencia y rol parental

Por: Fotografía: Agencia Uno 10:25 AM 2016-04-21

El informe de avance presentado ante el Concejo Municipal de Chillán por la consultora IZCP, que se enmarca en la elaboración del Plan Comunal de Seguridad Ciudadana, reveló que el 90% de los escolares encuestados en la comuna afirma haber sufrido una agresión por parte de un miembro del establecimiento, y además, que un 90% de ellos no se sienten seguros en el centro educativo. 
Los datos, que se obtuvieron de 420 encuestas aplicadas a estudiantes de establecimientos municipales de Chillán, particulares subvencionados y particulares, también muestran que los episodios de violencia son variados e incluyen burlas, insultos, discriminación, exclusiones y agresiones físicas. 
Así, en algunos colegios, parece gravitar una atmósfera de tensión que predispone a la descarga violenta y que podríamos decir se asocia a una subcultura de la violencia enraizada en el entorno escolar. 
Es indudable que la situación reclama una atención especializada, así como la presencia de nuevos recursos psicopedagógicos y sociales, porque las raíces de los comportamientos violentos no están en la escuela, y se requiere trabajar con esa perspectiva para un mejor control de los problemas observados, que perturban los mejores planes de la actividad escolar.
En efecto, la complejidad de este problema da pie para elaborar algunas reflexiones de resonancia familiar y social. 
Estamos viviendo tiempos confusos, en algunos casos de una gran violencia que ha llegado a ámbitos tan alejados de ella como deberían ser las aulas. Además, hoy la familia nuclear de padres e hijos es la que domina en el escenario urbano. Lejos quedó en el tiempo la familia extendida, integrada por tres generaciones. La autoridad de ambos padres es hoy compartida y la forma de gobernar el núcleo familiar suele llamarse “democrática”, para referirse a la forma de participación creciente de los hijos, cuya opinión va gravitando con mayor peso a partir del ingreso en la adolescencia y va ganando así en autonomía. Dicho de otro modo, “el poder joven” ha ido creciendo y la autoridad adulta se ha ido debilitando, lo que promueve la gradual sustitución de los códigos que regulaban la conducta de unos y otros. En ese proceso, los que son todavía menores de edad pasan a decidir conductas según sus líderes y compañeros de igual edad, de manera que éstos asumen un rol más influyente, a menudo, que los mayores, que a su vez, muchas veces parecen querer adoptar conductas más propias de sus hijos.
También el proceso de interacción entre mayores y menores se puede observar en el ejercicio de otros roles que se ejercen en el colegio, es decir, en la relación entre docentes y alumnos, en la cual el modo de establecerse y el concepto de autoridad han sufrido cambios.
Es positivo comprender que los jóvenes encuentran en el grupo de sus iguales apoyo y seguridad en el camino hacia su autonomía personal. Pero también es válido y necesario dialogar con los adolescentes y hacerlos reflexionar racionalmente sobre el alcance de sus conductas, ya que ésa es la misión de ambos padres, y éstos no pueden ni deben desconocer su responsabilidad. 
Esta reflexión a propósito de una cuestión cuyo origen puede ser diverso y que los profesores deberían afrontar con los recursos específicos de una preparación previa, requiere ser siempre apoyada por la familia.

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