Un cambio brusco

Por: La Discusión Fotografía: Víctor Orellana 03:50 PM 2017-12-25

Las informaciones proporcionadas por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), al igual que la simple observación de la realidad que nos rodea, demuestran que la cantidad de nacimientos  descienden cada vez más en Ñuble, incluso más que en otras regiones del país. 

La nueva región tiene una tasa de fecundidad de 1,70 hijos promedio por mujer (hpm), cifra a todas luces insuficiente para que se complete el recambio poblacional, estimado en 2,1 (hpm). Pero eso no es todo, pues los números que se prevén a mediano plazo son más bajos aún. 

En efecto, según las proyecciones, para 2020 la tasa de fecundidad caerá a los 1,67 (hpm), lo que como contraparte traerá que el segmento de 60 años y más alcanzará los 100 mil habitantes (el 20,3% de la población de la región) y por primera vez superará a los menores de 15 años. 

Muchas cosas se suelen decir sobre este tema, generalmente centradas en lo ocurrido en las últimas décadas, con las enormes transformaciones registradas en las vidas de las mujeres, en su papel en la sociedad o en la difusión de métodos anticonceptivos, pero se olvida que el primer y profundo cambio se registró en los años 60 del siglo pasado, cuando el tema no estaba en los medios de comunicación y era mucho más lo que se callaba que lo que se decía. En aquellos años, desapareció el modelo de familia prolífica tradicional, en la cual los nacimientos concluían con el ciclo fértil de la mujer. Esto equivale al primer acto de un proceso coincidente con un cambio de visión que luego habría de extenderse y profundizarse. 

En la actualidad, ese cambio se refleja en muchas actitudes que en otros tiempos hubieran sido inimaginables, como la aparición de jóvenes que desechan tempranamente la maternidad porque quieran desembarazarse de las que suponen incómodas ataduras o limitan sus expectativas a una o, a lo sumo, dos criaturas. 

No cabe duda de que la irrupción masiva de la mujer en el mundo del trabajo es una de las causas de este fenómeno, pero en modo alguno se trata del único.

Existe un importante cambio de mentalidad que parece enfrentarse con lo que siempre se supuso como inherente a la condición femenina. 

La falta de nacimientos genera varios fenómenos, todos ellos preocupantes. Los éxitos de la medicina y la elevación de las expectativas de vida crean un grave desequilibrio, pues los trabajadores en actividad alcanzan cada vez menos, con sus aportes, para solventar el sostenimiento del sistema de seguridad social. 

Igualmente, aparecen los fenómenos derivados del crecimiento de las patologías propias de la vejez que ya están viviendo los países desarrollados y que han debido reformular su sistema de pensiones de manera drástica, además de establecer diversos incentivos a la natalidad. Sin embargo, Chile presenta un situación particular, ya que en un período muy corto de tiempo, bastante menos que en Europa, está enfrentado a un fenómeno similar, pero no ha pasado el suficiente tiempo para que la sociedad asimile estos cambios y pueda adaptarse de mejor forma a la nueva realidad poblacional y de la mano con ello generar las políticas públicas que disminuyan los efectos negativos de un cambio tan brusco. 

Por cierto que nadie puede ser obligado a tener más o menos hijos, por lo menos en un país que sostiene la defensa de los derechos inalienables de las personas, pero no puede ser esto un obstáculo para crear conciencia acerca de los inconvenientes que nos aguardan, de manera poco menos que inevitable, en las próximas décadas.

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