El Viejo Pascuero sí existe y vive acá en Chillán

Por: Felipe Ahumada 09:45 PM 2017-12-23

El escritor y músico argentino Alejandro Dolina decía que “el universo es una perversa enormidad hecha de ausencia”, considerando -humorísticamente- que uno mismo, si estaba en un lugar, entonces no estaba  absolutamente en ninguna otra parte.

Pero en toda esa enormidad, decía, “hay una buena noticia: el amor”. Puede llegar disfrazado de buena noticia, de ser humano, de animal, de sopita caliente o de regalo material, siendo este último el símbolo insustituible del amor en Navidad. Y el que intente cambiar esto se puede poner a la enorme fila de quienes han fracasado en su poético intento, entre otras cosas, porque la fórmula suele funcionar y a la perfección.

Lo que quebra el esquema es cuando hay niños que no tienen por dónde recibir ni un Súper 8 y la conciencia de que a otros les llegarán bicicletas, Play Stations o celulares galácticos, la tienen.

Entonces, volviendo a Dolina, en esa enormidad hecha de ausencia aparece el amor. Tal vez no el del papá, la mamá o un abuelo de los buenos, sino como un anónimo e inesperado Viejo Pascuero, que con sus propios recursos, tocando puertas o a puro “ñeque” y gestión desinteresada, logran hacer lo que a otros ni siquiera se les ocurre. Entonces escogen un grupo de niños de bajos recursos o -derechamente- abandonados y les hacen regalos que superan en grandeza, emoción y proyección en el tiempo al buen Súper 8.

Los hay en Chillán, algunos tan anónimos que no hablan con la prensa para no estropear el sabor a “acto desinteresado”, pero otros acceden porque “tal vez si ven estos ejemplos, nos empiezan a imitar”, planteó el notario Francisco Yaber, quien junto al empresario Alonso Saavedra Sotelo llegaron el viernes hasta la Villa Jesús Niño a entregar diversos regalos.

Cuando llegó la camioneta, destacaban tres bicicletas flamantes, radiantes y con cara de premio mayor. Los 11 niños y niñas las miraban fijo. Venciendo la timidez se acercaban a cualquiera de las visitas que pareciera “tío” y les preguntaban “¿para qué son?”.

Eran los 11 que se quedaron a la deriva. Los que o no tienen quién los venga a buscar para pasar la Navidad o los que por orden judicial se les prohíbe a sus progenitores acercárseles.

“Pucha, de haber sabido que eran 11...” se lamentaba Alonso Saavedra. “Pero para la próxima Navidad nos vamos a encargar que todos reciban una”, prometió. 

Para cerrar el tema de las bicicletas, se zanjó, por sugerencia de la directora de la villa, Pamela Parra, que quedara una para cada casa, ya que justo eran tres, dos de varones y una de niñas. Y listo.

Aunque sea a pan y agua

Las promesas de los pascueros Yaber y Saavedra no quedaron ahí. Ambos se afectaron cuando conocieron la historia de Pablo y su hermano mellizo, de 10 años, impetuosos y con voz de mando. De hecho, inauguraron las bicicletas ellos.

El relato fue de Pamela Parra: “Ellos, junto a un hermano mayor que egresó el año pasado al cumplir 18 años, están acá desde hace años, pero sus padres sí hicieron muchos esfuerzos por mejorar su situación para intentar llevárselos a vivir con ellos. Un día consiguieron una vivienda y esa semana los iban a venir a buscar, pero cuando volvían de la celebración de la obtención de la casa, pasando por el puente El Ala, un camión los chocó por atrás y murieron”.

En el funeral los pocos familiares que llegaron se acercaron a la directora de la villa y le dijeron “lo sentimos mucho, pero nosotros no nos vamos a hacer cargo de los niños”.

Yaber y Saavedra se acercaron a la directora y le dijeron “anote nuestros números, y por favor avíseme cada vez que estos hermanos necesiten algo, lo que sea. Del resto ya nos iremos encargando, pero vamos a partir por ellos”.

Volviendo a las bicicletas, a esas alturas corrían  alrededor del parque central de la villa, mientras el resto esperaba su turno.

Tal vez en un par de semana estén botadas y quizás hasta rotas. Así lo dicta la experiencia, porque no es primera vez que llega un empresario con ese tipo de regalos. “Lo que pasa es que para ellos (los niños) estas son alegrías del momento, después puede que hasta las rompan, porque lo que ellos quieren es volver a estar con sus familias, les da lo mismo en qué condiciones, puede que solo les ofrezcan pan y agua, pero es eso lo que realmente quieren. Y estos 11 niños, no pueden”.

¿Habría podido Francisco Yaber ser el notario que es hoy si hubiese tenido una infancia como la de Pablo? “No, no creo, es muy difícil”, responde. 

“Pero no es imposible”, agrega Saavedra, coincidiendo ambos que más que hacer un regalo, la clave es ver, sentir, saber, acompañar, empatizar, comprender para armar el puente que los vincule a todos. “De eso se trata, de hacer feliz y ser feliz uno mismo, también”, dijeron.

¿Y el déficit atencional?

Anónimos, un grupo de amigos se reunieron en 2012 con la intención de reunir dinero para llevar una cena navideña y regalos a los alumnos de la escuela básica Antonio Machado, en el sector de Quinquehua, camino a Tanilvoro. Los polvorientos caminos del lugar suelen levantarse por los  conflictos derivados de la pobreza, el alcoholismo y todo lo que esto desencadena.

Pero esos “ojitos brillantes” -como explica una de las benefactoras- y las caras ansiosas les regalaron semejante sonrisa a los benefactores, que pudieron ir convenciendo a más amigos y familiares que valía la pena trabajar una vez al año por quienes perfectamente pudieron haber sido el centro del pesebre.

Hoy son 123 niños los que se benefician de la presencia del Viejo Pascuero, del mago Palito, actores y músicos que los tienen cautivos y sin que nadie se distraiga.

Reciben sus regalos, “loquean” en los juegos inflables, comen torta,  galletas, toman bebidas y  junto a sus padres se sientan a ver la obra de teatro o a escuchar el concierto de la Orquesta de Ultraestación, maravillados, satisfechos y atentos. Nada de déficit atencional cuando lo que está al frente es “entrete”.

La educadora de párvulo Oriana Rodríguez, cuyo curso fue el primero en recibir el beneficio de este grupo de chillanejos, explica que “esto es magia pura, si ellos están de vacaciones y se levantaron temprano a ayudar a ordenar las mesas, a prepararlo todo. Esto hizo que los niños de este sector esperaran con ansias la Navidad. No puedo explicar lo que ellos expresan, lo que sienten, lo que viven gracias a la ayuda de este grupo maravilloso”.

Ver a los niños ya cansados de tanto jugar, subiéndose de nuevo al escenario para abrazar al Viejo Pascuero y darle las gracias, espontáneamente, con gratitud genuina, “eso lo paga todo”, comentaron.

Comer, bailar, reír

¿Qué razones podría tener una persona que duerme o vive en la calle para bailar, sonreír y cantar? La respuesta la tenían los 120 invitados de la ONG Apoyo y Esperanza, quienes prepararon una cena navideña en la Escuela Los Héroes, el viernes en la tarde, tiradito para noche, ya que la cosa era con baile.

Uno a uno fueron tomando el micrófono y agradeciendo  “el sentirse queridos, valorados, respetados, del que siente que hay gente que está con ellos”, dijo Estela Rodríguez, integrante de la ONG.

Era una fiesta llena de viejos pascueros solitarios que se regalaron un momento para tomarse de la mano, para reírse un rato del resto, de lo que fue el resto del año.

Viejos pascueros que regalaban cariño, esfuerzo, organización y altruismo, y otros viejos pascueros que regalaron gratitud, ternura, tristeza, esperanza y un estremecedor sentido de la Navidad. 

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