Rehenes de la pobreza

Por: Renato Segura 2016-04-20
Renato Segura

“Pobres no son los que tienen poco. Son los que quieren mucho. Yo no vivo con pobreza, vivo con austeridad, con renunciamiento. Preciso poco para vivir” fue la frase utilizada por el ex Presidente de Uruguay, José Mujica, para describir la pobreza de nuestros tiempos. 

En el mundo actual, donde hemos aprendido que, a mayor consumo, mayor bienestar, la pobreza se ha transformado en el principal problema que busca resolver la población y cuya solución, paradojalmente, es fuente que alimenta la brutal concentración de la riqueza que agobia al mundo.

Pero la acumulación de riqueza, también sirve para lubricar el tráfico de influencias. En Chile es conocido el refrán popular en el cual “tener un amigo es mejor que tener plata”. La riqueza puede sumar amigos y comprometer lealtades. Por lo tanto, la pobreza también se asocia al cambio de estado en el nivel de riqueza de una persona y la incidencia que ello implica en la cantidad de amigos a su disposición; en Chile también existe un refrán popular que ilustra esta realidad: “Acabándose el dinero, se termina la amistad”.

Vestir un Jeans Dolce & Gabbana puede llegar a costar más de $8 millones, es decir el sueldo mensual de un senador en Chile. Al que le gusta los autos deportivos, el Pagani Zonda le puede llegar a costar $1.120 millones, cuyo financiamiento a 36 meses le implica una cuota mensual de $44 millones. Un departamento amplio, digamos 300 m2, puede llegar a costar más de $500 millones, lo que genera un dividendo mensual de $2,5 millones para un crédito hipotecario de tasa fija a 30 años.

Es decir, en cifras duras, para un consumidor con gustos refinados y poder adquisitivo, su salario mensual debiese estar del orden de los $50 millones. Ahora bien, si usted es de gusto refinado, pero no tiene dicho poder adquisitivo, según José Mujica, queda atrapado bajo la línea de la pobreza. En esta situación se encuentran algunos funcionarios públicos que reciben un salario “reguleque”. Un ejemplo reciente de esta realidad es el caso de la presidenta del Consejo para la Transparencia quien además asumió en el directorio de CMPC, además de pertenecer al directorio de Antofagasta Minerals. El salario mensual aproximado en la presidencia del Consejo para la Transparencia es $8 millones; un director de empresa gana en promedio $5 millones al mes. Es decir, la funcionaria pública debe complementar su ingreso fiscal con $10 millones adicionales y, a pesar de dicho esfuerzo, no es capaz de cruzar la línea de la pobreza definida precedentemente.

Es por ello que, si usted siente que su dinero no le alcanza y busca posibilidades para expandir su capacidad de consumo (como el crédito, por ejemplo), existe una alta probabilidad que sea rehén de la pobreza. Al contrario, si percibe que está conforme con lo que tiene y que cualquier impulso por satisfacer una determinada necesidad queda relegado a su poder adquisitivo, ha comenzado a disfrutar libremente de su vida. En otras palabras, según el propio Mujica, la pobreza esclaviza ya que, la mayoría de las veces, impide gastar una mayor cantidad de tiempo de nuestra vida en aquello que nos gusta hacer.

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