[Editorial] ¿El ocaso de la NM?

Por: Fotografía: Victor Orellana 10:55 AM 2017-12-19

El día después de la derrota más aplastante desde el retorno a la democracia que sufre la coalición de centro-izquierda dio para todo. Hubo análisis, crítica, poca  autocrítica y muchas recriminaciones. 

Perder era previsible, pero la forma en que ocurrió recargó la mochila de frustración que el conglomerado arrastra desde el 19 de noviembre, cuando la pérdida de parlamentarios también fue mayor a la esperada. 

¿Es este el peor momento de la centro-izquierda chilena? Las respuestas parecen estar divididas y muy parecido con lo que le ocurrió a la Concertación hace 8 años, hay visiones autoflagelantes y crispadas que ven el fin de este proyecto político. 

Otras visiones, sin embargo, se muestran más racionales y apelan a la memoria para mostrar que trances tan difíciles como el actual no son novedad, ya que a mediados de la década del 60 el sector fue literalmente borrado del mapa político y más cerca, en 2009, también sufrió un duro golpe tras la derrota de Eduardo Frei y el primer ascenso de Sebastián Piñera. Adicionalmente, han emergido voces que plantean que si la Nueva Mayoría tiene real vocación de poder, debe virar hacia la izquierda y aliarse con el Frente Amplio. 

De seguro este debate interno se extenderá por un tiempo, pero la rueda sigue girando y entre el desembarco de Piñera y el retiro de Bachelet, el conglomerado debe rearmarse para la nueva tarea a la que está llamado en nuestro sistema democrático: ser oposición. En tal sentido se pueden advertir tres estilos distintos de ejercer el rol opositor. El primero es apelar a profundizar el debate y crítica sobre la agenda legislativa propuesta por la nueva coalición gobernante y denunciar el modo en que la nueva política del Ejecutivo supuestamente dañará los “logros sociales” alcanzados en los últimos años. Una segunda oposición se centra en la defensa de los derechos adquiridos por grupos de presión que el Gobierno de Piñera debiera afectar si quiere sacar adelante algunas de las agendas prometidas, sobre todo las asociadas a hacer más eficiente el Estado, en todos sus niveles. 

También es posible imaginar una tercera oposición preguntando por la velocidad y la calidad de las políticas públicas, así como fiscalizando con fuerza los casos de corrupción e ineficiencia que puedan detectarse en el aparato de Gobierno. 

Estas tres formas de oposición de seguro convivirán y buscarán entenderse, aun sin un liderazgo unipersonal. 

Otra cosa es si la Nueva Mayoría -o lo que quede de ella- será capaz de remontar esta posición minoritaria y volver a constituirse en alternativa de Gobierno. Por ahora esa pregunta no tiene respuesta y si la tuviera, sería negativa. Para hacerlo deberá renovarse, debatir de forma franca y tolerante, asumir con honestidad su verdadero ideario y renunciar a agendas personales y de grupos de poder que han respondido más a sus propios intereses que a metas colectivas.  

Las virtudes de un sistema político que cuenta con Gobierno y alternativa son ampliamente conocidas en todo el mundo y por lo mismo, nuestra democracia necesita una oposición activa, robusta y sobre todo bien intencionada. Por el bien del país -porque el debate democrático siempre se enriquece cuando no hay una sola voz dominante- esperamos que así sea. 

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