El triunfo de Piñera

Por: Fotografía: Agencia Uno 08:50 AM 2017-12-18

Hay varios modos de leer los resultados de ayer, pero todos convergen en lo mismo: Sebastián Piñera obtuvo un triunfo contundente y legítimo en su representatividad, pese a que la participación en la segunda vuelta no  superó el umbral del 50%. 

Se esperaba una contienda estrecha, pero con su 54,5% de los votos, el ex Mandatario aventajó por más de nueve puntos al senador por Antofagasta quien alcanzó un 45,49% de las preferencias. Tal diferencia se acentuó en Ñuble, donde el candidato de Chile Vamos se impuso en 20 de sus 21 comunas, en varias de ellas con más del 70% de los sufragios válidamente emitidos.  

Aunque con el paso de los días los datos electorales podrán procesarse adecuadamente, todo sugiere que Piñera -quien recibirá nuevamente la banda presidencial de las manos de Michelle Bachelet- no habría alcanzado un resultado distinto con la sola suma de sus sufragios y los de José Antonio Kast. Decisiva habría sido la capacidad que su sector tuvo para movilizar de mejor forma su base electoral, sumando nuevos electores que tradicionalmente votan por la derecha, pero que se restaron el pasado 19 de noviembre, como también de atraer a un buen número de democratacristianos y votantes moderados. 

En tanto para la centroizquierda, después de la abstención de un importante porcentaje de partidarios del Frente Amplio que habría sido el golpe de nocaut a sus aspiraciones de conservar el Gobierno, comienza ahora un duro camino que seguramente estará plagado de recriminaciones, tanto de cuestiones tácticas, como de otras más profundas que tienen que ver con sus postulados. 

En efecto, lo que se definió ayer es más que un cambio en la correlación de fuerzas, pues la derrota de su candidato es también sinónimo de un débil respaldo a las reformas impulsadas desde el Gobierno y una señal importante de las expectativas que tiene la ciudadanía respecto a sus resultados futuros.

Precisamente, la derecha se reinventó en torno a promesas que apuntan a corregir lo realizado por la actual administración y restablecer la vieja y  criticada política de los acuerdos, que parece ser una opción preferible para los chilenos frente a la ruptura o modificaciones radicales del sistema institucional. De hecho, la última encuesta del CEP consigna un dato que fue poco considerado a la luz de los yerros en los pronósticos de resultados de primera vuelta, pero que es contundente: nada menos que el 70 por ciento de los consultados prefiere que los líderes “privilegien los acuerdos” contra un magro 15 por ciento que estima que deberían insistir en “sus propias posiciones”. 

Privilegiar el diálogo es un aspecto que el nuevo Gobierno deberá considerar, pues la amplitud de su ventaja en la elección presidencial no tuvo el mismo alcance en el Congreso, por lo que deberá negociar para obtener la mayoría legislativa que potencialmente le permita materializar su programa de gobierno. 

En tal sentido, el discurso de anoche del Presidente electo contiene claves trascendentes y sus palabras estuvieron más cercanas a un camino evolutivo que a un ánimo anulador de lo realizado por el Gobierno de Michelle Bachelet. 

Para Sebastián Piñera el gran desafío doméstico será el de entusiasmar con su proyecto. Esto supone acelerar el dinamismo de la economía, mejorar su productividad y competitividad, manteniendo el perfil social del actual modelo. Para ello deberá cumplir con su promesa de hacer más eficiente el Estado, en todos sus niveles. La urgencia más visible pareciera estar en el capítulo de la salud, porque los hospitales no dan abasto y la disconformidad de la población es evidente. 

A nivel local, la principal interrogante en el corto plazo es la instalación de la nueva Región de Ñuble, donde seguramente habrá cambios de autoridades y Lorena Vera y su equipo deberán dejar sus puestos a representantes designados por el nuevo Mandatario. 

Varios nombres ya suenan para ese cometido, considerado por muchos como una plataforma privilegiada para cualquier futuro cargo de representación popular, incluido el de gobernador regional. Pese a ello, según  reconocieron ayer parlamentarios de la coalición vencedora, el itinerario y las líneas de acción deberían mantenerse, pues se trata de un proceso que es técnico-político y está debidamente normado, de modo que aquellos pasos de la instalación que se hagan conforme a las reglas no serán alterados. 

El Presidente electo cuenta con vasta experiencia de gobierno y no ignora cuán complejo es gobernar. Se le cobrarán promesas como duplicar el crecimiento, crear 600.000 empleos y reducir la pobreza que hoy es de 11,7%. También deberá responder por sus propuestas de rebajar los intereses del Crédito con Aval del Estado (CAE), mantener la gratuidad de la educación universitaria a quienes la tienen y aumentarla al 90% en institutos con menos recursos, además de impulsar una reforma al cuestionado sistema previsional. 

¿Cómo logrará, política y materialmente, cumplir esas promesas? La respuesta a esta pregunta comenzará a insinuarse recién con la conformación de los equipos de la nueva administración, con las prioridades que fije en la futura agenda legislativa y con la celeridad o prudencia con que las lleve adelante, buscando los grandes acuerdos que han sido habituales en toda la legislación chilena trascendental. 

Siendo así, desde hoy mismo Sebastián Piñera -y tanto más desde el 11 de marzo, cuando vuelva a La Moneda- tendrá que procurar una arquitectura que le permita cumplir las expectativas que ha creado, para canalizarlas hacia un dinamismo que reactive la economía y continúe impulsando al país, de modo que él pueda, por fin, ser el Mandatario que trasponga la meta tantas veces invocada del desarrollo con equidad social, y en caso alguno retroceder.

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