[Editorial] Sin agua ni planificación

Por: Fotografía: V.Orellana 10:30 AM 2017-12-12

La ausencia de planificación municipal para gestionar y aprovechar el potencial económico de las Termas de Chillán, en beneficio de los intereses de la ciudad, ha sido la mayor debilidad en los 60 años de explotación del complejo de 10 mil hectáreas ubicado en Pinto, pero que pertenece a Chillán. 

Tal falta de visión estratégica de parte del municipio hizo que jamás inscribiera las aguas que nacen en sus tierras y cuando quiso regularizar tales recursos, a principios de 2015, se encontró con la tenaz oposición de la Junta de Vigilancia del Río Diguillín (JVRD), entidad que reclamó que los acuíferos superficiales pertenecen a la cuenca del río Renegado, afluente del Diguillín. La controversia terminó en los tribunales y días atrás, la Corte Suprema resolvió acoger el recurso de casación interpuesto por los regantes y la Dirección General de Aguas (DGA), considerando ilegales las extracciones desde vertientes que deben escurrir al río Renegado, y por extensión, al Diguillín, pero que son captadas y dirigidas por una tubería hacia el predio donde funciona el complejo turístico. 

En la sentencia, el máximo tribunal no acogió el argumento del municipio, que apeló al uso histórico del tradicional recurso y a 15 solicitudes de regularización de derechos de aprovechamiento que están en curso y que son muy parecidas a las que se comenzaron a tramitar en 1989, pero que quedaron abandonadas durante la administración de Aldo Bernucci.

Su sucesor tampoco lo ha hecho mejor. El gobierno que encabeza el alcalde Sergio Zarzar recién ahora se está preocupando del tema, pese a que va completar 10 años en el cargo. De hecho, si no fuera por la presión de demanda de agua que imponen nuevos proyectos inmobiliarios, la situación sería una más del largo inventario de olvidos y atrasos que sufre el mayor atractivo turístico de la región. 

Sin embargo, a diferencia de lo que ocurría en décadas pasadas, en los últimos años ha aumentado la atención pública sobre ese déficit de planificación, lo mismo que la presión social para que la Municipalidad termine con esa improvisación no solo para el acceso al agua, sino para explotar eficientemente los bienes que posee en el predio de montaña. 

Lamentablemente, los pasos han sido débiles y han quedado más en enunciados que en acciones concretas. De hecho, aún no conocen los resultados de un estudio que debía iluminar aspectos tan básicos como la superficie del predio, un catastro de activos, su zonificación, un registro de su diversidad ambiental y otros antecedentes que no solo son claves para dar un mínimo de certeza a potenciales inversionistas, sino simplemente para algo tan elemental como saber qué hay dentro del principal activo que tiene la ciudad y cuánto puede llegar a valer.  

Tal déficit de información no debería sorprender, pues transcurridos más de un siglo desde que Chillán inscribió las Termas Minerales, el gobierno local ha sido incapaz de implementar una unidad de gestión especializada, como sugiere un mínimo de sentido común ante un patrimonio que no pocos conocedores del negocio consideran con el potencial suficiente para convertirse en el principal centro de esquí de Sudamérica. 

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