Navidad con confianza y sin Herodes

Por: José Luis Ysern de Arce 2017-12-11
José Luis Ysern de Arce

Sicólogo, Sacerdote; Licenciado en Teología; Diplomado en Psicología Clínica; Master en Psicología; Doctor en Psicología. Docente Jornada Completa de Psicología Universidad del Bio-Bio. Asesor Nacional de AUC

La persona de Herodes no cae bien a nadie que esté en su sano juicio: es un tipo cruel, sanguinario, narcisista, caprichoso, borracho de vino y de poder, desconfiado, asesino de inocentes. Aparece en la Navidad en oposición al niño Jesús al que busca eliminar. He ahí dos figuras de valores antagónicos, incompatibles la una con la otra. Mientras en Herodes predominan los rasgos y actitudes de personalidad neurótica y esquizoide, posesiva y dominante, narcisista y egocéntrica, arrogante y prepotente, en Jesús aparecen desde su nacimiento ciertos signos que anticipan la trayectoria de su vida: sus padres son pobres marginales que no encuentran alojamiento en un lugar decente, pero igual siguen confiando en la solidaridad ajena; nace en un establo, sus visitantes son pobres pastores y gente sencilla, muy pronto tendrá que emigrar a otros lugares en busca de seguridad y... suma y sigue. 

Algunas de estas imágenes que presentan los relatos bíblicos sobre el nacimiento de Jesús, ya sabemos que con toda probabilidad no corresponden a hechos históricos,  sino a descripciones míticas propias de los géneros literarios de la época. Son imágenes con gran fuerza simbólica y didáctica de permanente actualidad. Yo las resumiría en la siguiente expresión: No a los desconfiados de nuestro tiempo; Sí a los confiados y sencillos de nuestro tiempo.

Nos sobran Herodes desconfiados. En nuestra sociedad actual hemos padecido demasiada desconfianza que nos hace daño. La tenemos que derrotar. La desconfianza aparece en nuestras familias, en las instituciones sociales, académicas, políticas y religiosas, en nuestras relaciones humanas, en las relaciones nacionales e internacionales, en las empresas y negocios, en la distribución de bienes, etc. 

Cada vez que nos encontramos con gente desconfiada, insolidaria, individualista, arribista y prepotente, estamos ante personas cuyo perfil psicológico es herodiano de alguna manera. Son herodianas, también, las personas que quieren imponer a los demás su modo de pensar, que no saben respetar lo que es el propio discernimiento y la personal libertad de conciencia. Pero hay además un Herodes que todos llevamos dentro y hemos de reconocerlo con humildad: cada vez que no respetamos la propia dignidad o la dignidad del otro, dejamos que asome el perfil herodiano de nuestra personalidad. Nos dejamos atrapar por el Herodes individual cuando somos víctimas de nuestras propias adicciones -las que sean- que nos privan de la necesaria libertad.

Por eso en esta Navidad queremos celebrar la libertad que proviene de la confianza de los sabios, esa que aparece en los hombres y mujeres sensatos y sencillos, la que nos espera cada mañana al levantarnos porque está inserta en lo profundo de nuestro ser para ayudarnos a mirar de frente, sin torcidas intenciones. Es la confianza que hoy nos hace falta para dejar de lado todo lo superfluo que nos agobia y volver a lo que es necesario e imprescindible: recuperar más espacios de calidad para el encuentro sincero con el otro, para volver a mirarnos a los ojos con confianza y tomarnos de las manos en sincero afán de renovación. ¡Feliz Navidad con mucha confianza y sin Herodes!

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