Arquitectura y táctica

Por: La Discusión 02:35 PM 2017-12-08

Existe en la ciudadanía la percepción generalizada de que el debate político pasa con demasiada frecuencia mucho más por la cuestión de la conquista del poder que por la discusión de proyectos y propuestas. 

Una de las enseñanzas básicas de la ciencia política es que la realidad política es siempre multifacética, y que en la dinámica de su actividad puede distinguirse entre dos caras, una táctica y otra arquitectónica. La primera comprende lo vinculado con la lucha por alcanzar y conservar el poder; del otro lado, la cara arquitectónica se refiere a la tarea que se lleva a cabo desde el poder para diseñar y ejecutar políticas públicas que beneficien a la ciudadanía, impulsando el desarrollo y una mejor calidad de vida. 

Esas dimensiones son, en rigor, herramientas conceptuales que nos ayudan a desentrañar mejor la realidad, porque lo más corriente es que en un mismo hecho se encuentren presentes estos dos aspectos, que son parte inherente de la política. 

En la complementación de ambas caras se configura, precisamente, la llamada política plenaria, que supone siempre un adecuado balance entre una y otra.

Cuando no existe lucha por el poder, se corre el riesgo de estancamiento, pero cuando la política se reduce solo a lo táctico, se desnaturaliza el servicio al bien común que define a esta noble actividad. 

Una genuina aspiración en toda democracia madura es, además, que en la dimensión táctica predominen la confrontación respetuosa de las ideas y la sana convivencia entre los adversarios políticos y que en la arquitectónica la definición de las políticas públicas cuente con el mayor grado posible de consenso. 

A partir de estos dos conceptos podemos analizar el debate que ayer sostuvieron Sebastián Piñera y Alejandro Guillier y que organizó la Asociación de Radiodifusores de Chile (Archi), donde se abordaron diversos aspectos de la contigencia, destacando temáticas relativas a educación y economía, como gratuidad, CAE, AFP y la Reforma Tributaria, entre otros temas. 

Como suele ocurrir después de estos encuentros, los partidarios de uno y otro alaban el desempeño de su candidato y cuestionan al rival, no obstante, dejando de lado la parcialidad de esos análisis, es valorable advertir que tanto Piñera como Guillier pudieron mostrarse en una dimensión arquitectónica, poniendo pausa a  una semana signada por controversias mediáticas referidas a desafortunadas expresiones de ambos. El primero al poner en duda la transparencia de nuestro sistema electoral y el segundo al plantear un nulo compromiso del empresariado con el desarrollo del país.

El foro realizado ayer por Archi no solo dio cuenta de una positiva disposición a transparentar ideas y convicciones, más allá de la rivalidad propia de un escenario de contienda electoral de segunda vuelta, sino también a aclarar, si no todas, al menos algunas de las borrosas motivaciones que suele apreciar la ciudadanía entre quienes aspiran a ocupar la primera magistratura del país. 

Es precisamente ése el valor del debate, permitir a los candidatos fijar posiciones, definirse, y en la medida que son públicos y ampliamente difundidos, como ayer ocurrió, convertirse en un contrato sin “letra chica” entre el representante y sus representados.

 

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