Proyectan cuadruplicar la zona del Santuario La Lobería

Por: Jorge Chávez 08:50 PM 2017-12-02

En enero el Comité de Gestión presentará el pedido especial y espera que se defina en el actual Gobierno

Expertos advierten necesidad de planificar un desarrollo sustentable que vaya de la mano con su riqueza marina

El 1 de septiembre de 1992 la entonces Provincia de Ñuble sumó oficialmente su tercer emblema de carácter patrimonial, luego que el Consejo de Monumentos Nacionales (CMN) declarase como Santuario de la Naturaleza a los Islotes La Lobería y La Iglesia de Piedra de Cobquecura, parajes definidos como un escenario de gran valor para la conservación de la diversidad ecológica de la zona, debido a que constituye el hábitat de diversas especies de algas y animales marinos entre los que destaca el lobo marino de un pelo, razones que pesaron a la hora de planear su preservación.

Los profesionales que más conocen la realidad del medio natural, el cual posee una extensión de 5 kilómetros de norte a sur y de 500 metros de este a oeste completando una superficie total de aproximadamente 250 hectáreas, son los integrantes del Programa de Investigación Marina de Excelencia (Pimex) de la Facultad de Ciencias Naturales y Oceonográficas de la Universidad de Concepción (UdeC).

Pimex destaca que la comuna de la Región de Ñuble posee la lobería reproductiva más importante del lobo marino común (Otaria flavescens) del Centro Sur de Chile, la cual es crucial ya que ayuda a mantener la población de lobos marinos en el centro de Chile. Asimismo, recalca que las cercanías a la desembocadura del Río Itata mezclado con los eventos de afloramiento costero en la zona (aguas marinas profundas que suben a la superficie aportando nutrientes) contribuyen a generar un espacio muy rico en alimento para recursos pesqueros como peces (corvina, sierra, sardina, anchoveta, róbalo, pejerrey, entre otros), moluscos (loco y lapa), especies filtradoras (cholga y piure), jaibas y varios tipos de algas marinas.

De acuerdo a los profesionales, esta alta productividad podría explicar también la presencia de mamíferos migratorios como las ballenas y orcas, así como especies residentes como el delfín chileno, con presencia en la zona durante todo el año. En el tiempo de permanencia en el santuario, los expertos han identificado siete variedades de cetáceos: las ballenas Sei, Franca Austral, Fin, Jorobada, los delfines Oscuro y Chileno, además de Orcas.

Gestión de preservación
Con la declaratoria oficial del CMN hace ya 25 años y tres meses, nació el Comité de Gestión del Santuario de la Naturaleza, el cual se encarga de que se ejecute lo planteado en el plan de administración del lugar.

Durante el proceso de actualización del documento en el 2012, se propuso la idea de realizar las gestiones para lograr ampliar la zona de exclusión, idea que cinco años después aún no se ha concretado.

No obstante, desde el municipio de Cobquecura, repartición que preside el Comité de Gestión del Santuario de la Naturaleza, aseguraron que están afinando detalles del proyecto con el que se solicitará al menos cuadruplicar la extensión del área protegida.

César Águila, encargado de la oficina de Medio Ambiente de la comuna costera, comenta que aún se está definiendo cómo se hará el pedido; es decir si se opta por gestionar la creación de un área marina protegida o la de ampliación del patrimonio monumental, que sería la posibilidad más factible.

El funcionario explica que en dos meses más estarían presentando la iniciativa, con la que se aspira preservar un espacio más importante del territorio marino ñublensino.

“Sin duda que conseguir esta ampliación sería lo más importante que se ha hecho por el santuario, que es un tema que justamente tratamos con el ministro de Medio Ambiente cuando conversamos con él unas semanas atrás para pedirle asesorías y acompañamiento a este proyecto, ya que él conoce la historia del santuario (…). Deberíamos estar presentando el documento a fines de enero o inicios de febrero, para poder plantear en este periodo de Gobierno, considerando que durante todo este tiempo en el poder ha mantenido una mirada de protección de los océanos”, recalca.

La nueva zona de conservación abarcaría casi 25 kilómetros desde el límite norte de Trehualemo hasta la punta Santa Rita, espacio que alcanzaría aproximadamente las 1.000 hectáreas, según especifica el funcionario edil cobquecurano.

El seremi de Medio Ambiente, Richard Vargas, comenta que esta iniciativa es concordante con la actual política de Estado, que apunta al énfasis por trabajar en la debida conservación de territorios ecológicamente prioritarios.

La autoridad aclara que este plan de expansión viene siendo analizado en conjunto con el Comité de Gestión y enfatiza que va de la mano con la preocupación que nació en la ciudadana ante la posibilidad de que se establezcan empresas acuícolas.

“Esto dice relación también con la expresión de la comunidad de proteger el área de la instalación de proyectos que pudieran significar afectaciones a la condición turística. Hay que destacar que la comunidad de Cobquecura reconoce que su línea estratégica de desarrollo está basado en el turismo y fundamentalmente en La Lobería y la Iglesia de Piedra”, precisa el seremi.

Mirada proyectiva
El Comité Nacional Pro Defensa de la Flora y Fauna (Codeff) ha estado presente permanentemente en la zona haciendo trabajos de conservación del entorno y apoyando iniciativas a su favor.

Luciano Pérez, secretario general de la Organización No Gubernamental (ONG), recalca que uno de los mayores logros que se han conseguido en el cuarto de siglo con el título de patrimonio protegido es el que la comunidad cobquecurana, y ñublensina en general, ha aprendido a apreciar el enorme legado ambiental que han heredado.

“Nosotros que lideramos la declaración de santuario no éramos bien recibidos por todos los sectores porque se tenía la impresión de que llegábamos de afuera a impedir una actividad económica, entonces fue un proceso en el que tuvimos que presentar cuál era la postura nuestra que apuntaba a la conservación; al cabo de los años fue cambiando esta percepción hacia nosotros cuando la gente empezó a ver que el turismo aumentaba y con él la generación de ingresos y oportunidades para los vecinos(...). Afortunadamente la comunidad local se fue sumando en los últimos años en lo que es la conservación del santuario”, explica.

El representante de Codeff sostiene que solo después de la declaratoria de Monumento Nacional los residentes se dieron cuenta que era posible un desarrollo sustentable y que no eran incompatibles las actividades productivas con el medio ecológico.

“Se puede decir que hoy el comercio de Cobquecura es diferente al de 1991, de tal manera que el turismo fue la mejor muestra de que es posible una explotación ambientalmente responsable”, enfatiza. 

Si bien Luciano Pérez destaca la infraestructura que se ha levantado en las proximidades del hábitat del lobo marino (como la costanera y los miradores para divisar la fauna) y el apoyo abierto al programa de investigación de la UdeC, cree que lo más importante que se haría por el área protegida es su ampliación tal y como se viene planeando.

El doctor en Ciencias Ambientales y académico de la UdeC, Roberto Urrutia, menciona que todo proyecto arquitectónico que se pretenda instalar en un monumento como el cobquecurano, debe ser compatible con el territorio; es decir, no debe ser invasivo y debe respetar las características naturales del lugar.

“Se debe dejar zonas de uso intensivo, intermedio y otras de preservación. El ser un santuario le garantiza su cuidado, pero depende mucho del compromiso de que todas las actividades que se proyecten no lo afecten, ni alteren; ese es el desafío permanente”, señala.

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