Cortázar: El primer chillanejo que jugó por la Selección Chilena

Por: Rodrigo Oses Fotografía: Victor Orellana 2016-04-18

“Ñublense perdió su identidad porque nunca ha valorado a los primeros dirigentes y jugadores que lo dieron todo por el club”

Eduardo Cortázar Gatica (78) tenía apenas 15 años y estudiaba en el Liceo de Hombres de Chillán, cuando el recordado profesor “Cachupín” González, le ofreció integrarse a Ñublense por 50 mil escudos.

Su padre, Roberto, otrora crack del elenco rojo cuando jugaba en el amateurismo, y que después fue dirigente del club, lo autorizó sólo si se comprometía a seguir estudiando.

“Y así comencé. Llegaba con uniforme a entrenar. Así que fui un cabro chico, que tuvo que madurar en un camarín de jugadores de experiencia, como Antolín Sepúlveda, Lucho Pérez, Rómulo Oses, Segundo Castro, Rubén Latallada, Luis Rocuant y Orlando Muñoz, era un pedazo de equipo, que siempre estaba en los primeros lugares de la Segunda División, un equipo que tenía un gran fútbol ofensivo, colectivo, usando todo el ancho de la cancha, con punteros abiertos y laterales muy ofensivos, como Romerito, que era como el Coca Mendoza en Colo Colo, y Orlando Muñoz, un tremendo lateral con gran condición física. Tuve el apoyo dentro del campo de juego, el grito justo. Debuté de 9 en Colchagua, el 10 era el Huaso Romero con dos punteros abiertos, aprendí a recibir patadas y a aguantar, agradezco hasta el día de hoy el respaldo de grandes jugadores”, evoca desde Curicó, el recordado ex volante y técnico del Rojo que fue el primer jugador de esta tierra en vestir la casaquilla de la Selección Chilena en 1970 tras arribar en 1964 a Ñublense.

- ¿Cómo recuerda su estreno en Ñublense?
- Lo tengo grabado porque perdimos 2-0 con Colchagua. Jugué de 9 y nos taparon a chuchadas, pero fue una experiencia linda. Aprendí a pararme. Mi papá estaba vivo y el día lunes me dijo, clarito: “Hay que ser responsable y el fútbol es para hombres”. Fue una frase que me marcó cuando pasé de los cuadernos a la cancha, tenía 16 años.Yo salía a jugar por Ñublense afuera y llegaba a las 5 de la mañana. Tomaba un taxi, llegaba a dormir y a las 8.10 a clases al liceo, como cualquier estudiante. Pero al año siguiente Mario Avendaño me vendió a Temuco y terminé allá la enseñanza media.

- Usted debutó de “9”, pero derivó a volante de contención. ¿Cómo fue esa metamorfosis?
- Tuve un cambio brusco. De 9 aprendí a ser marcado muy fuerte por centrales grandes que pegaban, y te amenazaban. Mis compañeros me decían ¡ya cabro chico, no te achiques! Aprendí en la guerra, el técnico Caupolicán Peña, me retrocede como volante de contención y me transformé en un volante quitador, tuve que madurar profesionalmente con mucha rapidez. Tuve al lado a grandes jugadores como Walter Pedutto, Héctor Torres, además de quitar había que entregarla bien y proyectarse y apoyar a mis compañeros. Después llegó Esaú Bravo, y Peña trajo una camada de Colo Colo. Ñublense ahí tuvo un giro, porque Peña pudo renovar esa hermosa generación.

- ¿Cuál era el sello futbolístico de ese Ñublense de los 60?
- Con Caupolicán Peña jugábamos muy bien, y a estadio lleno, un fútbol grato a la vista, de gran dinámica, y siempre nos inculcaba imponer nuestra localía. El respeto por la camiseta, por la gente del mercado que se levantaba a las 5 de la mañana y llegaba junto con los camiones a calle Maipón, esa que nos regalaba frutas y alimentos, pero nos pedían un gran esfuerzo de vuelta. Tuve de técnico a Fidel Cuiña, Daniel Chirinos, Lincoyán Neira y Caupolicán Peña.

- ¿La hinchada del Mercado era bravísima?
- Era una hinchada linda, tenía una lealtad tremenda, esa hinchada era exigente, cariñosa, te pedía que entregaras todo, que uno no se guardara nada.

UN CHILLANEJO EN EL MARACANÁ

- Usted brilló de inmediato en Ñublense y luego fue vendido a Temuco. Y lo llamaron a la Selección Chilena de 1970. Jugó ante Brasil en el Maracaná. 
- Estando en Ñublense me llamaron a la Selección. Fue un privilegio haber vestido la casaquilla de la Selección, fue la culminación de un apoyo de mis compañeros, de los dirigentes, y la hinchada. Al otro año, cuando Ñublense me vende a Temuco, me toca ir a Brasil. Yo me puedo morir tranquilo, porque fui un chillanejo pendejo de los Pabellones Rodríguez, después de calle Palermo, que llegó a jugar al Maracaná con 120 mil personas, y jugar contra Pelé, Jairzinho, Tostao, Carlos Alberto y después fuimos a inaugurar el estadio Morumbí. Tuve que ser un joven viejo, yo pasé de ser un cabro chico a un viejo con 17 años.

- ¿Y qué sintió cuando se puso la roja en el Maracaná? El primer chillanejo en hacerlo.
- Cuando hacen el equipo, no aparezco entre los volantes, aparecen Cazsely, Fouilloux, “Pata” Bendita Castro, y al final asomo como win izquierdo. Y yo no era puntero. Me las arreglé y tuve que pararme al lado de Carlos Alberto, pero me puse de volante zurdo para bloquear su subida y cuando la recuperaba se la pasaba a Cazsely y a Fouilloux, pero me acomodé, después expulsaron a Caszely, sacan al 6 y termino jugando muy bien en el Maracaná como volante central. Quedé tranquilo con mi despliegue, me jugué la vida, se sorprendieron con mi rendimiento, por mi personalidad, mi carácter. Me decían el ‘Huaso del Sur’, el ‘Huaso de Chillán’, los grandes jugadores de la Selección se portaron muy bien conmigo.

- Usted fue capitán en todos los equipos que estuvo.
- En Ñublense me enseñaron a tener carácter. Fui un jugador cabrón, guapo. Por eso fui capitán en Temuco, después en La Serena y me venden a la “U”, donde al segundo año fui capitán de Pellegrini, Socías, Carvallo, Salah, Pinto. Después estuve en U. Española, Rangers, Temuco y me retiro en 1983 con 33 años en Ñublense cuando se puso mala la cosa. Fuimos hijos del rigor. Sabes lo que es bañarse con agua helada en invierno en Chillán, viajar en micros de recorrido toda la noche cantando tangos y boleros cuando el chofer era el Castaña, que cantaba todos los boleros.

- ¿Ad portas de los 100 años del club se perdió esa identidad?
- Sí, Ñublense la perdió porque nunca ha reconocido a los primeros dirigentes y jugadores que entregaron todo por el club, como don Moisés Noriega o Esaú Bravo, al que nunca le dieron un trabajo digno. Contra eso me rebelo absolutamente.

(Abajo, el segundo de izq. a der.) Cortázar como capitán del Ñublense de 1967. Fue uno de los grandes de la historia roja.

Cortázar cabeceando y quitando fue un guapo en la cancha.

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