Otro escenario

Por: 09:00 AM 2017-11-20

Luego de meses de campaña, la elección presidencial dio ayer un primer paso decisivo. Los pronósticos en torno al proceso tuvieron un resultado dispar. Por una parte, se verificó la anunciada baja participación. Según el Servel, los votos emitidos llegaron al 46% del total del universo de electores: 6,6 millones de un padrón electoral de 14,3 millones de personas. 

Donde las proyecciones no acertaron fue en la votación de Beatriz Sánchez, a la que le daban menos del 10%, y de Sebastián Piñera, a quien situaban entre el 40% y 44%. Sin embargo, la abanderada del Frente Amplio obtuvo 1.333.890 votos, el 20,3% de las preferencias y el ex Presidente 36,6%, nivel de respaldo que lo instala en un escenario completamente diferente al de la “carrera ganada” que se proyectaba hace unas semanas.  Este resultado, de alguna forma, es una paradoja: quien ganó (Piñera) perdió; y quien perdió (Sánchez) ganó.

Lo concreto es que en la papeleta del 17 de diciembre estarán Sebastián Piñera  y Alejandro Guillier, en un balotaje que –contra todo pronóstico- será el más reñido desde el que protagonizaron en 1999 el ex presidente Ricardo Lagos con el actual alcalde de Las Condes, Joaquín Lavín.

Si fuera solo matemática, podría decirse que la ventaja ahora la tiene el candidato oficialista, pues sumando el impensado 20,5% de Beatriz Sánchez y los casi 12 puntos que juntan Goic y Marco Enríquez-Ominami, dan un resultado de 52,5 %. Pero no se trata solo de cálculo electoral, pues Guillier tendrán 28 días para lograr lo que su sector no ha podido hacer los últimos cuatro años: unir a la centro-izquierda y acoger al Frente Amplio.

Para Piñera igual se presenta difícil, ya que si bien fue el ganador de la jornada, su votación, más la del diputado José Antonio Kast, quien consiguió el 7,91%, lo dejan con solo el 44,5%. 

Resulta obvio que la gran disputa, e incógnita sobre su transferencia, se dará en torno a los votos de los otros seis candidatos, particularmente los de Beatriz Sánchez en el caso de Alejandro Guillier y los de Kast y Goic en el caso de Piñera. 

En ambos casos deberán empatizar con un electorado que no compartió los énfasis de sus campañas, por lo que el camino tendrá que ser distinto. Deberán aggiornar sus discursos y reemplazar liderazgos. Probablemente, también deberán mostrarse menos dogmáticos en lo económico, menos temerosos en lo político y más o menos conservadores -según sea el caso- en lo valórico. 

Lo que viene son cuatro semanas de intenso proselitismo, con dos candidatos en competencia, creciendo la posibilidad de que las posiciones se distingan con mayor fuerza. Una dosis de polarización es inevitable en una contienda que ha pasado de ocho a dos adversarios. Sin embargo, resulta deseable que ésta se lleve adelante con responsabilidad y las campañas no dejen de lado el carácter propositivo para concentrarse en el ataque al rival. 

La existencia de una segunda vuelta será un espacio propicio para poner sobre la mesa más ideas, confrontarlas en un espacio de mayor tranquilidad y detalle, y no sólo refugiarse en el eslogan. En última instancia, por supuesto, será el electorado, a través de su decisión en las urnas el próximo 17 de diciembre, el que juzgue si la estrategia escogida por cada candidato fue la más acertada. El tiempo es escaso. La caza de votos ya partió.

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