Vaya a votar

Por: 08:30 AM 2017-11-19

En todo Chile se desarrolla hoy un nuevo proceso electoral para elegir al Presidente de la República, senadores (solo en regiones impares) diputados y consejeros regionales. Además de la importancia natural que tienen estos comicios, al ser la instancia mediante la cual los ciudadanos optan democráticamente por las principales autoridades de la nación, en esta ocasión el acto cívico está marcado por la gran duda sobre la participación que normalmente debería acompañar a este proceso. 

Tal incertidumbre se justifica en el desinterés de buena parte de la ciudadanía, fruto del hastío ante actitudes corporativas de una clase política que, salvo contadas excepciones, no parece preocuparse por abrir posibilidades de participación ni por terminar con viejos vicios como los que se han visto en el último tramo de la campaña electoral, representativos de una cultura basada en el clientelismo y en vergonzosos intentos por manipular a los sectores más necesitados de la sociedad. 

Algunos también se abstendrán por indiferencia política o porque les da lo mismo quién gobierne; otros por escepticismo de que los políticos puedan hacer los cambios que fervientemente anhelan, en medio de un modelo que consideran moralmente inferior o políticamente tramposo. 

Sin embargo, frente a este escepticismo, una vez más hay que recordar que nada cambiará si los ciudadanos asumen un papel pasivo y dan un paso al costado ante el acto electoral. No habrá cambio sin participación política. Ni habrá nueva política local sin renovación de sus dirigentes. Y nada de esto se producirá sin el necesario compromiso cívico de los ciudadanos a votar hoy.

Por el contrario, todos quienes no sufraguen hoy colaborarán a debilitar la democracia. Cualesquiera sean sus causas, la abstención conlleva desprecio por el mecanismo, esencial a toda democracia y a toda convivencia pacífica, de contar igualitariamente las preferencias entre las alternativas posibles, para así conformar las instituciones que ejercen poder político.

Ciertamente, una democracia es mucho más que sus elecciones; pero sin ellas nada de lo demás es posible. Son la mínima expresión del gobierno del pueblo, a través de la cual este puede, al menos, cambiar periódicamente a las élites que dirigen instituciones que también distan de ser ideales, pero que son las que, por ahora, evitan que resolvamos los conflictos por la pura fuerza. 

Si la política no es capaz de renovar formas y espacios de participación que vuelvan a hacerla cívica y así recuperar el prestigio y la convocatoria de las instituciones representativas. La tarea de gobernar será cada vez más difícil, quienes quiera que ganen hoy, y por eso el porcentaje de quienes voten será un síntoma importante para saber cuán saludable se encuentra nuestra democracia. 

Puede usted optar por quedarse en casa. El voto voluntario tiene la ventaja de no forzar al elector indiferente a expresar una preferencia que probablemente sería irreflexiva, cuando las alternativas en juego le parecen irrelevantes. Pero lo que se decide hoy está lejos de serlo. 

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