La historia de los hermanos Parra que se convirtió en película

Por: Carolina Marcos Fotografía: Un caballo llamado elefante 10:05 PM 2016-04-16

Poco antes de morir, Eduardo “Lalo” Parra tomó el teléfono y llamó al joven cineasta Andrés Waissbluth (“Los Debutantes”) para pedirle un favor. “Lo llamo para recordarle la historia que le conté, esa de cuando con mi hermano Roberto nos fugamos desde Chillán en un circo hacia el sur. Yo creo que usted tiene que hacer una película con esta historia”, fue la sentencia de Parra al otro lado del teléfono. El Tío Lalo murió el 2009 con la certeza de que la cinta se realizaría tras las largas conversaciones que sostuvo con el joven cineasta para concretar la idea y la película ya está lista para ser estrenada dentro de pocos meses más en Chile. 
Han pasado varios años desde aquellas conversaciones y el guión fue tomando fuerza conforme Andrés investigaba más sobre la historia que por estos días fascina al cine mundial y que en un comienzo tuvo el título de “Hermanitos”. Se trata de la que protagonizaron Lalo y Roberto Parra cuando decidieron (siendo niños) huir de casa para seguir a un circo que pasaba por la ciudad, relato audiovisual que hoy es presentado al mundo bajo el nombre de “Un caballo llamado elefante”. 
En una anterior entrevista con LA DISCUSIÓN, Andrés Waissbluth (quien se encuentra por estos días en Estados Unidos) señalaba que el Tío Lalo le había contado que la historia comenzaba en Chillán y terminaba 200 kilómetros más al sur (en la frontera de las regiones del Bío Bío y La Araucanía), cuando deciden regresar a casa ya extenuados por la aventura. 
Pero el folclorista cambió varias veces su versión y fue así que el cineasta se convenció que lo mejor era tomar la historia central y armar un guión que hoy convierte a la cinta como la única producción nacional no animada dirigida a niños. El estreno en las salas nacionales está programado para este 4 de agosto.  
Por estos días, y antes de su estreno en Chile, la película se encuentra itinerando por distintos festivales. Ya pasó por Guadalajara, Cartagena y Miami. Restan Estocolmo, Argentina y Panamá para los meses que vienen. Esta semana participó del Festival de Cine de Chicago y durante la presentación de la cinta, Waissbluth señaló que “la película es la historia de un abuelo que le encarga a sus nietos liberar a su caballo el día en que él muera. Ellos lo hacen, pero un rufián se lo lleva y los niños deciden seguir al circo para recuperar el caballo de su abuelo, pasando por varias otras aventuras que se expresan en la cinta”, aseguró antes de dar paso a las funciones programadas en Chicago. 
La película es una realización chilena, colombiana y mexicana y fue rodada en San Bernardo, en la Región Metropolitana. El reparto está encabezado por los niños actores Joaquín Saldaña y Tomás Arriagada, quienes al momento del rodaje (2014) tenían ocho y diez años respectivamente.
El director cuenta que la decisión de agregar ficción a la historia de los hermanos Parra se dio por dos hechos principales. El primero de ellos radica en los sucesivos cambios de versión que le entregó el Tío Lalo Parra antes de morir y en la imposibilidad de llegar a un acuerdo con la viuda de Roberto Parra, Catalina Rojas, quien el 2014 lo criticó públicamente por no solicitar su permiso para usar la historia en nombre de su fallecido marido. 
La historia que se volvió trama
“La vida que yo he pasado” se titula el libro biográfico de Roberto Parra (quien murió en 1995 en Santiago). Fue editado por su familia hace algunos años como una forma de perpetuar todo el vasto trabajo desarrollado por el folclorista, como sus famosas décimas autobiográficas, además de La Negra Ester (el montaje teatral más premiado en la historia cultural chilena) y El Desquite (obra de la cual se realizó otra producción cinamatográfica). 
En una entrevista que le realizaron en 1996 (y que está consignada en el libro), Roberto recuerda por qué a tan temprana edad, él y Lalo sintieron la necesidad de salir corriendo detrás de ese circo. “Fue una infancia perra de nosotros, con poca alegría porque éramos muy pobres”, confesó mientras recordaba que junto a su hermanos trabajó de lazarillo de una cantora ciega y vendiendo agua en el Cementerio de Chillán para lavar las tumbas. “Pero además vendí diarios, lustré, vendí piñones y la Violeta cantaba. Nos enganchamos con el circo, aunque tenía la carpa averiada y sucia, pero había elefantes, plumas y brillo”, consigna el artículo. 
Más tarde, el mismo Lalo Parra describiría la relación con su hermano a través de aquella huida que solo quedó en la anécdota, puesto que no se conocen más detalles de lo que pasó ni el tiempo que estuvieron alejados de la casa. 
Su hermano sería con quien fundó el dúo Los Hermanos Parra en 1938 y también con quien grabó el disco “Los Tres presentan a Roberto & Lalo Parra” en 1994, un año antes de la muerte de Roberto, sellando de esta manera esa historia que sólo ambos conocen y que se llevaron a la tumba con apenas 14 años de diferencia. Y para no olvidar el anecdotario, nunca quiso separarse del circo a pesar de haber forjado su vida como folclorista. En una de las últimas entrevistas a LA DISCUSIÓN, el Tío Lalo señaló que “trabajé un tiempo con mi hija Clarita en el circo haciendo trucos con las manos, pero lo que me pone más orgulloso fue el haber sido presidente del Sindicato de Artistas Circenses por otra chorrera de años más”, dijo feliz.

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