Equidad territorial

Por: La Discusión 03:30 PM 2017-11-13

La desigualdad en Chile no sólo se manifiesta en las brechas de ingresos de las familias, sino que también a través del acceso a bienes y servicios, donde además del poder adquisitivo, inciden otros factores, como la ruralidad. 

En la región de Ñuble, donde el 40% de su población vive en zonas rurales, este tema es fundamental, porque se traduce en problemas de conectividad, transporte y de acceso a servicios básicos, como agua potable, electricidad, internet, salud y educación, entre otros. 

Un símbolo de esta brecha lo representa el alto porcentaje de rutas sin pavimentar en la region, que bordea el 80%, lo que dificulta el transporte de personas y carga, favoreciendo el aislamiento de las comunidades rurales, con negativas consecuencias en la calidad de vida de sus habitantes, como ocurre, por ejemplo, con la atención oportuna de salud. 

Los caminos de tierra o ripio, además de generar polvo en verano y barro en invierno, constituyen un obstáculo a la hora de emprender, porque reducen las posibilidades de transportar productos agrícolas en buenas condiciones, lo que también eleva los costos, disminuyendo la competitividad de estos productores. 

Esto también aplica para otras actividades económicas, como el turismo, considerado uno de los ejes de desarrollo económico de la nueva región. 

De igual forma, las limitaciones de acceso a agua potable y a servicios sanitarios representa un obstáculo insuperable si se pretende entrar al negocio de la elaboración de alimentos o al turismo, lo que acrecienta aún más las desigualdades entre los habitantes de zonas rurales versus urbanas. Aquello  resulta paradójico si se considera que los mayores atractivos turísticos y el grueso de la producción agropecuaria se concentran precisamente en las zonas rurales. 

Esta desigualdad ha perpetuado las tradiciones en los campos de Ñuble, pero también la pobreza y el aislamiento, lo que ha tenido como principales consecuencias la progresiva migración de sus habitantes hacia las ciudades, con lo que las comunidades rurales, además de despoblarse, se están envejeciendo. 

Es por ello que la concreción del anhelo de ser región reviste un desafío emblemático, que es orientar buena parte de los recursos y la atención hacia las necesidades del mundo rural, que por años han sido postergadas debido, en gran medida, al centralismo que han ejercido Santiago, Concepción y Chillán, en sus respectivas esferas de acción. 

La región de Ñuble tiene no sólo el desafío de crecer y desarrollarse, sino que debe hacerlo de manera equitativa, con una adecuada planificación del desarrollo y del territorio, y recordando siempre que su origen está en la ruralidad hoy postergada, y que es donde se cultiva el futuro de la economía local.

La nueva región no puede ni debe repetir los errores del centralismo, pues si ello ocurre, se condenará a permanecer en el subdesarrollo, por lo tanto, debe apostar por brindar un acceso equitativo a las oportunidades a todos sus hijos, tanto del campo como de la ciudad.

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