La iglesia en el barrio bravo: “Acá los más choros lloran”

Por: Felipe Ahumada Fotografía: Mauricio Ulloa 09:35 PM 2017-11-11

140 personas convoca hoy por hoy la iglesia evangélica Poder Pentecostal.

El pastor Rubén Cofré llevaba a cabo su culto, en la capilla de la Iglesia Adventista ubicada en calle Torres del Paine, en la Población Los Volcanes 8, cuando una imagen logró desconcertarlo.

Parado en la puerta, con gesto de querer entrar había un muchacho vestido como pandillero, ropa suelta y zapatillas coloridas, aros y piercings.

“Yo sabía quién era”, dijo el pastor, quien además tiene un magíster en Salud Pública. “Era la pareja de una niña que se había integrado al culto hace poco, ella me había dicho que siempre lo invitaba, pero él no quería y tras pasar una semana entera orando por él, de repente llegó solo. Esa vez entró por primera vez a la capilla y no se fue nunca más y hasta se bautizó”.

Hablaba de Marcelo Hernández quien hoy, dejó atrás sus adicciones, sus sensaciones de frustración y participa activamente de las actividades de su iglesia, en calidad de “anciano” o encargado de la capilla.

Pero esto es el premio de un trabajo en lo absoluto sencillo y autómata. Los pastores quienes guían capillas e iglesias en los sectores más vulnerables de Chillán, han tenido que aprender a manejar los códigos del hampa, a guardar en secreto verdaderas tragedias de violencia, alcoholismo, drogadicción y delincuencia, eludiendo siempre al artero enemigo refugiado en el perverso poder del tráfico de drogas.

Son evangélicos o adventistas que no solo hacen sus cultos dos o tres veces por semana dentro de las capillas, sino que van puerta a puerta llevando los mensajes bíblicos a quien quiera recibirlos, por los pasajes menos hospitalarios de sectores como Los Volcanes, Lomas de Oriente o la Población Vicente Pérez Rosales.

“Nuestra metodología es, en un principio similar a las del Gobierno, como intervenir grupos sociales, organizar operativos de salud, dar charlas sobre prevención del alcohol y las drogas, con la diferencia que luego de eso, agregamos el ingrediente espiritual, que es lo que realmente genera cambios”, apunta el pastor Cofré.

“Ellos cambian con cariño”

No muy lejos de Los Volcanes 8, está el Ministerio Evangelístico y Profético Poder Pentecostal, inaugurada hace 13 años, cuando en plena construcción les lanzaban piedras o los amenazaban con robarles todo y cumplieron. Les robaron.

El pastor es Marcelo Cayupán, el mismo que algunos días realiza cultos en la cárcel. “Acá está la gente que más necesita de la palabra de Dios, eso hace que no haya miedo al salir por las calles misionar, incluso en lugares donde se sabe que asaltan, se drogan y hasta han violado y asesinado a mujeres”, comenta.

Para Cayumán, las personas creen en Dios cuando ven los cambios en las personas que lo siguen, “como el caso de dos hermanos que eran temidos en estos barrios, hasta que cayeron presos por robo con violencia, y al salir no encontraron apoyo en nada ni nadie, salvo acá, cuando llegaron y hoy son personas de bien, con trabajos estables y sin vicios”.

El ver a 100 personas alrededor rezando por ellos, abrazándolos, y con un pastor que pide por su bienestar con una mano en sus cabezas, es algo que los desarmó.

“Hay un código canero, el que ingresa a la iglesia es respetado y nadie se mete con ellos, pero si salen al mundo de nuevo, les cobran todas las anteriores”, explica el pastor Cayupán.

Sin embargo, la otra ley no fue promulgada. “Cuando les das cariño, un lugar de poder sentirse parte, ellos cambian. Acá se les escucha, se les cuida y se les quiere, por eso en la iglesia ellos cambian, acá el choro llora y termina por cambiar”, asegura.

“Me sentí perdonado”

“Hice cosas malas. Antes viví en Las Habas y en la Legua Chica y era un flaite, me gustaba pelear, beber alcohol y drogarme, pero lo que más hacía era fumar, fumaba todo el día”, relata Marcelo.

El “anciano” dice que “lo que me pasó fue que la gente de la iglesia me ayudó, iban a mi casa, me invitaban a tomar once y oraban conmigo, eso fue fundamental en los primeros días, que son los más difíciles cuando empiezas a limpiarte”.

Encargado de la capilla cuando el pastor no está, Marcelo fue en busca de un amigo adicto. “Lo he traído, oramos por él, acá el se expresa y también ha llorado, lo estamos sacando gracias a Dios. Sé que le va pasar igual que a mí, va a cambiar porque acá uno se siente perdonado”.

En otros sectores como la Población Vicente Pérez Rosales, la Iglesia Adventista ha buscado otras estrategias que parte con trabajar con niños y adolescentes, “y armamos el club Los Conquistadores, donde hacemos trabajos físicos, mentales, sociales y espirituales, eso nos ha permitido vencer la violencia intrafamiliar o el alcoholismo, e incluso estamos preparando un viaje a Brasil para motivar más a estos niños”, comentó el pastor Carlos Parra.

De terno y corbata, con faldas y camisa, van casa por casa buscando un nuevo milagro por hacer. Para creerlo hay que verlo, pero ahí están. Es cosa de ir y mirarlos.

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