[Editorial] Gasto público

Por: 2017-11-09

Luego de la presentación de la Ley de Presupuesto 2018 se ha planteado la polémica habitual respecto a si el aumento del gasto sería el adecuado.

Los que plantean que es excesivo lo hacen principalmente con dos argumentos: que es mayor al crecimiento esperado del PIB en 2018 y/o que los supuestos respecto a los ingresos son muy optimistas, por lo que no se cerraría la brecha fiscal de los últimos años. El ministro de Hacienda ha respondido que es un presupuesto fiscalmente responsable, porque se avanza en la reducción del déficit estructural en un cuarto de punto porcentual.

El proyecto que completa 50 días de debate en el Congreso es la principal herramienta de política económica que traduce los compromisos programáticos y los objetivos de política en iniciativas específicas de uso de los recursos públicos, de modo que es natural que su discusión genere amplias y profundas polémicas, reflejando valores diferentes, diversas visiones respecto de la sociedad y del Estado, e intereses contrapuestos en relación con las fuentes y magnitudes de los ingresos y gastos públicos. Por el contrario, lo que no sería natural es la ausencia de debate, o que éste no sea público e informado.

Sin embargo, sobre esta discusión, siempre es bueno recordar que en Chile seguimos una regla, según la cual el gasto no se define de acuerdo al ingreso estimado para el periodo, sino que de acuerdo a los ingresos de largo plazo. Como se dice coloquialmente, esto se hace para ahorrar en tiempos de “vacas gordas” y desahorrar en tiempos de “vacas flacas”.

Pero más allá del crecimiento de tendencia del PIB y el precio de largo plazo del cobre (los dos parámetros relevantes para la estimación de los ingresos permanentes), la discusión en torno al Presupuesto refleja un dilema permanente que enfrenta el país, en el sentido que hay demandas de fortalecimiento de las actividades del Estado en el terreno social que difícilmente podrán ser cumplidas, pues como bien sabemos, los presupuestos anuales a lo único que pueden aspirar es a crecer más o menos en línea con los parámetros antes descritos (PIB y precio del cobre), y como en el pasado hubo un fuerte crecimiento del gasto fiscal, es necesario volver a estabilizar el gasto público en niveles que sean sostenibles a mediano plazo. 

En tal sentido, la elección del próximo domingo 19 de noviembre es un buen momento para que los candidatos manifiesten sus preferencias y los electores se informen de lo que implican esas diferentes preferencias.

La pregunta clave es cómo combinar la reducción del gasto público con las demandas sociales, el gasto en infraestructura y los incentivos para mejorar la competitividad e innovación en nuestra economía. 

La respuesta deberá tenerla la próxima administración y por eso es importante que la ciudadanía conozca las visiones de los candidatos a La Moneda sobre este tema y favorezca con su voto a quien proponga la mejor fórmula para que el necesario ajuste fiscal impacte lo menos posible al gasto público y a sus beneficiarios.

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