Un volcán activo

Por: Fotografía: @Discover_Chile 2017-10-12

Veintidós meses de vigencia cumple esta semana la Alerta Amarilla sobre el complejo volcánico Nevados de Chillán, cuya actividad comenzó el 31 de diciembre de 2015 debido al calentamiento de aguas subterráneas que generaron presión y han producido pulsos eruptivos de diversa magnitud, algunos enormes como el que se apreció ayer.

Según ha informado el Servicio Nacional de Geología y Minería (Sernageomin), también se han generado nuevos cráteres, fenómeno que se intensificó en septiembre pasado y ha continuado este mes. 

Para la entidad, desde enero de 2016 el complejo volcánico ha presentado inestabilidad en su dinámica interna, aunque los parámetros derivados de la sismicidad como la actividad superficial observada, consistente en explosiones menores, se enmarcan dentro de lo que técnicamente se considera un nivel de Alerta Amarilla. Pese a ello, el Sernageomin admite que es imposible establecer con certeza si la actividad actual comenzará a declinar en el corto plazo, regresando así a su nivel base, o bien es la antesala del desarrollo de un evento eruptivo mayor. 

Tener toda esta información, además de algunas certezas dentro de un escenario incierto como es el comportamiento de un volcán, es posible debido a que en este macizo existe desde 2013 un sistema de monitoreo a cargo de profesionales especializados que se encuentra en red con diferentes servicios para coordinar acciones de emergencia y eventuales evacuaciones de personas.

La red de vigilancia actual consiste en ocho estaciones que permiten el registro sísmico, dos inclinómetros y cuatro GPS que detectan deformación de la superficie, tres cámaras IP orientadas a la vigilancia visual y un equipo de infrasonido que permite detectar frecuencias no audibles usualmente y relacionadas a explosiones. 

Este entramado tecnológico está entregando valiosa información del complejo volcánico cuya área de influencia abarca las comunas de Pinto, Coihueco y San Fabián de Alico. Su divulgación responsable, además, ha ido entregando certezas a la ciudadanía sobre distintos aspectos que contribuyen a educarla y contener temores que a la luz de la evidencia científica y registros históricos, resultan infundados. 

Ese ha sido precisamente el objetivo que La Discusión ha intentado cumplir durante estos 22 meses, democratizando ciertos conocimientos básicos para reducir la incertidumbre de las personas y su vulnerabilidad ante mensajes alarmistas o espectaculares y así favorecer que reaccionen con inteligencia. 

Sabemos, eso sí, que la educación es solo uno de los requisitos para que incorporemos los peligros geológicos a las decisiones públicas y privadas, pues mientras se dan pasos significativos hacia la democratización de la información, sigue pendiente avanzar en medidas de ordenamiento territorial para evitar la instalación de edificaciones en las zonas de peligro, o bien disponer de obras y acciones para mitigar o reducir los posibles impactos negativos de eventuales erupciones volcánicas. En esta materia la mora es enorme y el riesgo que produce la inacción también. 

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