Visión de futuro

Por: 2017-10-10

En medio de un año que tiene una alta intensidad política por las elecciones presidencial, parlamentaria y de cores y todo la dinámica que generan, afectando y no pocas veces trastornando la marcha normal de las instituciones y de la agenda local, Ñuble enfrenta el desafío prioritario de sentar las bases de una futura estrategia de desarrollo, a fin de darle un sentido a las inversiones de la naciente región. 

Esta orientación para el gasto público, durante los primeros años de la Región de Ñuble, tendrá la forma de un estudio de línea de base que será financiado por la Subdere a través del Consejo Regional y actualmente se encuentra en la evaluación jurídica previa a la transferencia de los 40 millones de pesos que le asignaron a esta iniciativa. 

La delegada presidencial para la instalación de la Región de Ñuble, Lorena Vera, liderará esta tarea y sumará los insumos recopilados durante los dos años de trabajo de la mesa técnica público-privada que integran alcaldes, consejeros regionales y representantes de universidades y del mundo privado. Esta instancia se reactivó el pasado jueves y también está llamada a ser  un apoyo clave para la elaboración de la futura estrategia de desarrollo regional.

Como puede verse, se está produciendo una positiva convergencia en los sectores público y privado sobre la importancia de planificar la marcha de este territorio habitado por más de medio millón de personas, distribuidas en sus 21 comunas. No hacerlo equivale a prolongar indicadores como el promedio per cápita de ingresos más bajo del país, o el índice de calidad de vida, donde tenemos seis comunas en el ranking descendente. 

Esta carencia también debilita la gestión y consecuencia de ello es la inequidad de la inversión pública, tal como hemos constatado ampliamente desde estas páginas y que fue el principal argumento para crear la Región de Ñuble.

Pero no solo debe existir un rol activo de las autoridades para elaborar la estrategia, sino también una amplia participación de los distintos estamentos, de modo de generar desde un principio un referente capaz de coordinar los esfuerzos públicos y privados hacia el objetivo central y fundamental, que es elevar el crecimiento de Ñuble.

Además, y a propósito de la coyuntura electoral, conviene también tener presente que las diferencias ideológicas no deben encontrar un eco favorable en este debate, muy por el contrario, ya que retrasan los procesos y generan incertidumbre en una discusión que es eminentemente técnica. Lo que sí importa es la continuidad de los esfuerzos y el liderazgo para construir un amplio acuerdo público-privado que sea impermeable e independiente del ciclo político.

Sintetizando, lo que Ñuble necesita es una visión de desarrollo de largo plazo, estable, que no cambie con cada Gobierno de turno, que conecte la malla en que se sustentará la producción de la nueva región, que jerarquice objetivos, propuestas e inversiones y que cuente con los mecanismos adecuados para ser evaluada periódicamente, pues no basta tener lineamientos estratégicos, sino también indicadores de éxito medibles, que permitan ir monitoreando los progresos registrados. 

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