Ñuble y economía 2.0

Por: 2017-10-09

“Innovación” es una palabra de moda. Su significado es ambiguo y su uso excesivo ha generado una confusión capaz de anular su sentido. Los medios de comunicación están utilizando el término más que nunca, los consultores lo definen de diferentes formas, suele malinterpretarse y para muchos es más una herramienta de marketing que una expresión fidedigna de su identidad y quehacer. 

A nivel empresarial, sin embargo, hay un alto convencimiento de sus beneficios y firmas de todo tipo están pasando de lo que se denomina Fase 0, es decir por qué innovar, a la Fase 1, o sea cómo implementar la innovación. Esto, obviamente trae aparejado desafíos, oportunidades y frustraciones, ya que no es fácil pasar del pensamiento a la acción. 

El tema cobra relevancia si se considera que la priorización de los sectores productivos de la nueva región cobra especial relevancia en una zona con una matriz productiva muy poco diversificada, que se concentra principalmente en los sectores silvoagropecuario, industria forestal, agroindustria y comercio y donde el turismo emerge como un rubro cada vez más relevante. 

Lógicamente, la futura estrategia de desarrollo de Ñuble definirá lineamientos estratégicos que apunten a fortalecer y agregar valor a la producción de los sectores mencionados, que son rubros en los que la zona tiene ventajas comparativas, pero también debe ser capaz de proyectar el desarrollo de otros productos y servicios, más allá de las materias primas y commodities agrícolas y forestales. Convendría escuchar entones al mundo académico, donde hay bastante coincidencia en el potencial que tiene la nueva región en  sectores como la energía, la logística asociada al transporte y almacenaje, la industria tecnológica vinculada al desarrollo de software, la industria manufacturera liviana con alto nivel tecnológico y la llamada industria creativa. 

Lo anterior, junto con abrie nuevas posibilidades a nuestro territorio, tiene  un “efecto halo” sobre el resto de la economía y la innovación debería pasar a ser un factor clave para atraer y retener talento, generalmente en mercados laborales de escasos recursos o altamente competitivos. 

A nivel local, estudios realizados por la UdeC y la UBB muestran que hay una mirada positiva y mucho entusiasmo con respecto a hacer innovación, pero todavía se necesita crear las condiciones adecuadas para que se financien y se lleven adelante tareas de este tipo en un nivel más amplio. 

Las naciones llamadas emergentes y algunos de los países más ricos del mundo han sido capaces de comprender esta dinámica y han invertido grandes recursos en promover la investigación y fomentar la innovación y el emprendimiento. Y contrariamente a lo que suele pensarse, no se requieren 50 años para avanzar sustancialmente en este tema. En la medida que exista voluntad, recursos y personas dispuestas a correr riesgos y a atreverse, esto es posible. 

Lo primero que hay que tener presente es que no se puede progresar en estas ideas sin que existan también los recursos destinados a promoverlas. En tal sentido, el Estado tiene la obligación de desplegar en Ñuble una amplia batería de programas, con foco en las pequeñas y medianas empresas. 

Igualmente, como en muchas cosas, para que todo cuaje, es necesario el trabajo conjunto, especialmente del mundo empresarial y académico. Sobre este punto, se advierte un cambio y una naciente cultura de colaboración, que sería deseable profundizar. 

El diagnóstico es claro. La duda es cuánta convicción existe a nivel local para transitar el camino de la innovación y no quedarse solo en buenas intenciones o rimbombantes discursos.

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