Bondades de la teoría de género

Por: José Luis Ysern de Arce 2017-11-06
José Luis Ysern de Arce

Sicólogo, Sacerdote; Licenciado en Teología; Diplomado en Psicología Clínica; Master en Psicología; Doctor en Psicología. Docente Jornada Completa de Psicología Universidad del Bio-Bio. Asesor Nacional de AUC

Algo muy importante dijo la gran feminista y filósofa francesa Simone de Beauvoir: “no se nace mujer, se llega a serlo”. Estudios psicológicos y sociológicos posteriores lo confirman cuando constatan que al nacer, todos nosotros venimos dotados de los órganos biológicos que nos identifican como varón o mujer, como individuos del sexo masculino o femenino, pero que eso no es todo en el proceso de nuestra identificación sexual. 

La teoría de género no niega nuestras identidades biológicas sexuales, y por lo tanto no niega nuestras diferencias hombre–mujer a nivel anatómico biológico, lo que afirma es que la sexualidad humana es mucho más que las identidades y diferencias anatómicas, y que esa sexualidad (“integral” la llaman los sexólogos) se va adquiriendo y se va formando a través del tiempo. No es algo adquirido de una vez para siempre como lo pueden ser los órganos genitales. 

Efectivamente, en la sexualidad integral existen factores afectivos, emocionales, psicológicos, espirituales, sociales, etc. Cuando un hombre y una mujer se enamoran de verdad, en su sentimiento amoroso ha habido algo mucho más profundo que la simple apariencia física otorgada por la naturaleza biológica. 

Identificar la sexualidad humana y el género con los rasgos biológicos es caer en un grosero reduccionismo de la verdadera sexualidad humana, y es desconocer todo ese proceso psicosocial del desarrollo de nuestra personalidad tal como la vivimos en la realidad. Por eso, bienvenida sea la teoría de género que nos ayuda a entender mejor lo que es el género y a diferenciarlo de lo que es el sexo. 

Gracias a las feministas y a todos los estudiosos que se han tomado en serio el tema sabemos que a partir de la realidad biológica de nuestros órganos sexuales se han ido tejiendo a lo largo de la historia atribuciones y roles que han marcado desigualdades injustas a favor del hombre y en contra de la mujer. Al hecho de ser mujer por ejemplo, hemos atribuido especiales actitudes, estilos, roles, modos de comportamiento, etc. que hemos presentado bajo bonitas verbalizaciones románticas, o mediante expresiones ensalzadoras de la grandeza de la mujer, pero que han servido en el fondo para mantener a la mujer lejos de puestos de mando, liderazgo, decisión, poder. Así, podemos darnos cuenta a simple vista cómo en la mayoría de las sociedades la mujer ha sido tradicionalmente explotada y marginada de las importantes instancias de decisión. 

En una palabra, del hombre y de la mujer nos hemos ido haciendo imágenes y modelos que son un auténtico constructo social y cultural, pero que no siempre coinciden con lo que significa para cada uno ser hombre o ser mujer. ¿Por qué un niño no puede jugar con muñecas? ¿Por qué una niña tiene que vestir de ciertos colores? ¿Qué decir de este hombre que ve que su cuerpo es de varón, pero que interiormente se siente mujer y afirma que nació en un cuerpo equivocado? 

Gracias a la teoría de género hemos aprendido, entre otras cosas, que nuestra manera de vivir la vida no puede estar determinada por la apariencia de nuestros órganos sexuales, y hemos aprendido a respetar a quienes perciben su identidad de una manera distinta a la que indica su cuerpo.

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