La nueva cárcel que Ñuble necesita

Por: Claudio Martínez Cerda 2017-11-03
Claudio Martínez Cerda

Director Santa María la Real-Chile
Estudios Universitarios: Universidad de Chile.
Postítulo: Magister en Administración Pública. Instituto Universitario Ortega y Gasset, Madrid, España, 1999. Universidad de Sevilla, España, 2003. Subdirector Administrativo de Gendarmería de Chile, 1991 – 1993. Director Nacional de Gendarmería de Chile, 1993 – 1997.

Si hay un mal momento para instalar un tema como es la construcción de una nueva cárcel es en época de elecciones. Las autoridades, todas, sin excepción, miran para el lado. Los alcaldes por un lado y los parlamentarios por otro, suman y restan cuántos votos pueden perder o ganar, según sea el caso. Es más, alcaldes y parlamentarios, han liderado manifestaciones callejeras con toma de caminos para oponerse a la ubicación de una cárcel en su comuna o distrito. 

Es una genuina expresión de populismo carcelario, porque nadie piensa en el bien común ni en las soluciones y menos en los eventuales beneficios que puede traer a una comunidad la instalación de una cárcel, si se maneja bien su diseño y concepción. En privado reconocen que en alguna parte tiene que estar ubicada, en público son esclavos  del populismo. En el caso de la nueva cárcel de la Región de Ñuble, es necesario despejar afirmaciones que se instalan como una post verdad, como es el presunto deterioro que se  produciría en el entorno por la presencia de familiares de los internos, los que son indeseables, según este criterio.

Se pone como ejemplo la cárcel de Colina, en circunstancias que la cárcel de Chillán lleva más de 70 años en la Plaza San Francisco y nada de eso ha ocurrido. El problema entonces es que la cárcel actual no cumple con los estándares de capacidad y equipamiento necesario para facilitar los procesos de reinserción. Y por lo mismo, es necesario su traslado, ahora convertida en cárcel regional. 

Conozco de cerca la experiencia de una pequeña comunidad chilena, que se opuso a que cerrara la cárcel, porque los gendarmes y funcionarios eran parte importante de la economía del pueblo. Ñuble necesita una nueva cárcel y sin duda que ubicada en una comuna pequeña traería una serie de beneficios para dicha comuna. Junto a la llegada de un significativo número de funcionarios con un buen nivel de renta, es posible imponer cláusulas en el sistema de compras,  que den prioridad a proveedores locales en cuanto a los insumos que requiere un recinto carcelario y que no son menores. De ser así, sin duda que la cárcel pasaría a ser un factor de desarrollo para la comunidad en la cual está inserta.

A la autoridad comunal, por otra parte, le corresponde establecer una norma clara y permanente de ocupación de suelo y un seccional que evite lo sucedido en Colina, donde la presión inmobiliaria terminó por declarar zona urbana los terrenos de la cárcel, con el consecuente desarrollo de conjuntos habitacionales en su entorno inmediato.

Finalmente, para Gendarmería la construcción de una cárcel regional le permitiría optimizar recursos hoy dilapidados en pequeñas cárceles diseminadas por la región y a corta distancia unas de otras. 

La nueva cárcel requiere de voluntad política, que no la ha habido hasta ahora, creatividad, capacidad de innovar y mínimo sentimiento de solidaridad. ¿Quiénes son los beneficiados? Todos, porque tendremos una sociedad más segura, aspectos que el individualismo y el oportunismo político no dejan ver. La nueva cárcel de la Región es un desafío que todos debemos asumir y una oportunidad de dar un salto al futuro, como lo fue la construcción de la actual cárcel de Chillán, en 1939.

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