[Editorial] Con un sonómetro no alcanza

Por: Fotografía: Mauricio Ulloa 10:25 AM 2016-04-15

El nivel de ruido que hoy soportan los chillanejos ha ido creciendo en cantidad e intensidad, como una consecuencia disfuncional del avance de la ciudad y su crecimiento económico y demográfico. También es cierto que no se da una protección adecuada a la población ante el constante asedio del ruido, pese a que sus consecuencias afectan la salud, principalmente el funcionamiento circulatorio, nervioso y auditivo. 
Estudios y mediciones realizadas en la ciudad revelan que los rangos máximos permitidos son ampliamente superados en al menos 6 puntos del área céntrica y también en sectores residenciales donde se han instalado locales nocturnos. De hecho, ha sido la presión de los vecinos por los trastornos que provoca esta forma de agresión, la que llevó al municipio a anunciar el miércoles la compra de un sonómetro para tener registros claros de las emisiones y realizar una adecuada fiscalización de pubs y restaurantes.  
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), los ruidos llegan a constituir una segunda amenaza ambiental que nos acosa como habitantes ciudadanos, luego de la polución atmosférica, el otro gran problema que sufre Chillán. 
Por otra parte, el Plan de Desarrollo Comunal vigente advierte que “durante los últimos años, la comuna de Chillán ha tenido un alza en los niveles mínimos de contaminación acústica, producto principalmente del aumento del parque vehicular, donde la locomoción colectiva es la principal generadora de ruidos”. 
Numerosos estudios han demostrado que los padecimientos de quienes se ven sometidos a ruidos excesivos pueden clasificarse en efectos a largo y a corto plazo. Entre estos últimos, la respuesta al sobresalto, los reflejos respiratorios y de tensión muscular, los cambios en la circulación periférica y hasta la elevación de la presión arterial. Entre las afecciones a largo plazo se destaca el estrés, con el consecuente riesgo cardiovascular que esto implica. 
La adquisición por parte del municipio de un sonómetro para medir los ruidos molestos es un positivo avance, que merece destacarse, pero no es la solución. Lo deseable sería que el gobierno local implementara una red de monitoreo del ruido, con la instalación de estaciones medidoras destinadas a la elaboración de un mapa acústico de la comuna. Esa evaluación permitiría, entre otras cosas, crear una herramienta para conocer los problemas, dónde se producen y qué acciones pueden instrumentarse en cada caso. 
Aunque la mayoría de los ciudadanos desconoce los perjuicios concretos, y muchas veces irreversibles, que produce un nivel alto de ruido, ninguno es ajeno a las molestias inmediatas provocadas. Por consiguiente, resulta necesario incentivar la preocupación sobre el ruido ambiental, ya que si bien es cierto que gran parte es provocado principalmente por los medios de transporte, muchos de los ruidos que se oyen son producidos por las conductas de quienes también los padecen: tocar la bocina, oír música a alto volumen, etcétera. 
El gobierno de la ciudad debe seguir buscando urgentemente respuestas preventivas y correctivas, capaces de ir reduciendo el nivel de ruido que hay en el espacio común, y promover reglas de convivencia que sean respetadas por todos, para garantizar el cumplimiento de las normas existentes e implementar las que sean necesarias, para evitar daños en la salud y en la calidad de vida de los chillanejos.
 

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