Huelga de hambre y conflicto mapuche

Por: Monseñor Carlos Pellegrin 2017-10-01
Monseñor Carlos Pellegrin
Obispo de Chillán

Entró a la S.V.D y desde 1978 hasta 1980 realizó estudios de Filosofía, como miembro de la Congregación del Verbo Divino, en el Seminario Pontificio Mayor de Santiago. Entre los años 1981 y 1985 hizo estudios teológicos en el Instituto de Misiones de Londres, anexo de la Universidad de Lovaina.

El 25 de marzo de 2006 el Santo Padre Benedicto XVI lo nombró Obispo de San Bartolomé de Chillán, para suceder a Monseñor Alberto Jara Franzoy que había presentado su renuncia por razones de edad.

Monseñor Carlos Pellegrin asume la Diócesis de Chillán a los 47 años, el sábado 29 de abril de 2006, con el deseo de servir a esta Iglesia Diocesana con todo el corazón, en el espíritu de Jesucristo nuestro Señor y fiel a las enseñanzas de la Santa Iglesia.
El Obispo de Chillán, monseñor Carlos Pellegrin Barrera el año 2007 fue electo presidente del Área de Educación y miembro de la Comisión Pastoral (COP) de la Conferencia Episcopal de Chile (CECh). Asimismo, fue electo Presidente de la Organización Internacional de la Educación Católica (OIEC).

En medio de los conflictos verbales que han protagonizado Corea del Norte y Estados Unidos en los últimos días, ha pasado casi a segundo plano la huelga de hambre iniciada por cuatro hermanos mapuches en la cárcel de Temuco, y que ya superó los cien días, sumando preocupación a una situación que debería preocuparnos por estar en medio nuestro y no haber recibido la atención que demanda.

No podemos ignorar o desatender la angustia de los familiares de los que están en huelga de hambre, más aún cuando la vida humana, como valor trascendente y superior, está perdiendo en otros ámbitos su protección, promoción y defensa. Obviamente, que en democracia, las manifestaciones son genuina expresión del sentir popular y son necesarias para mantener caminos de expresión libre de los ciudadanos. Sin embargo, cuando la vida humana está en juego, deberían abrirse caminos nuevos para alcanzar la ineludible atención, que en justicia se requiere.

Es bueno recordar que los hechos por los cuales han sido formalizados los huelguistas tienen relación con la quema de templos cristianos y el sufrimiento de sus fieles, hechos que son objetivamente muy graves y condenables, y esa sería la razón por la cual están siendo procesados de acuerdo a la Ley Antiterrorista. La situación se complica cuando se constata que no hay claridad cuando se trata de calificar lo que se entiende por un acto terrorista, y que no se puede asumir culpabilidad por el solo hecho de invocar dicha Ley. Lo que ha faltado y ha sido postergado por demasiado tiempo es un juicio que garantice justicia, en un debido proceso, que ofrezca garantías a ambas partes en plazos razonables.

En un ambiente pre eleccionario, de descalificaciones mutuas y hasta de revanchismo, es fácil pasar el día recordando los fracasos de nuestra convivencia nacional, cultivando aún más el desgastado esquema de gobierno oposición, renunciando al desafío hermoso de transitar por caminos nuevos de confianza y credibilidad. Asumamos, que la violencia se superará cuando nos saquemos las capuchas para vernos las caras, en el encuentro personal que se da cada día en familia, entre amigos, en el trabajo, y que precede a las redes sociales y a los medios de comunicación. 

Es lo que se echa de menos en los programas de Gobierno que ofrecen los candidatos a la presidencia, quienes aún no dan respuesta clara sobre cuáles son los caminos que seguirían para alcanzar una respuesta integral al gravísimo problema que afecta a La Araucanía.

La próxima visita del Papa Francisco al corazón de la región mapuche, sin perder su naturaleza fundamentalmente pastoral, será una nueva oportunidad, que no deberíamos perder, para avanzar en la construcción de un diálogo sincero, claro, y fructífero, que permita el gran sueño de una nación integrada e integradora de las culturas tradicionales de Chile. Si no deseamos que la violencia engendre más violencia en Chile, debemos asumir un serio compromiso para superar todo individualismo, indiferentismo, y desconfianza, recordando lo que el Papa Juan Pablo II, en la última y única visita previa de un Sumo Pontífice,  nos dijo: “Chile tiene vocación de entendimiento y no de enfrentamiento”.

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