La visita del Papa Francisco a Chile

Por: Monseñor Carlos Pellegrin 2017-10-30

Monseñor Carlos Pellegrin
Obispo de Chillán

Entró a la S.V.D y desde 1978 hasta 1980 realizó estudios de Filosofía, como miembro de la Congregación del Verbo Divino, en el Seminario Pontificio Mayor de Santiago. Entre los años 1981 y 1985 hizo estudios teológicos en el Instituto de Misiones de Londres, anexo de la Universidad de Lovaina.

El 25 de marzo de 2006 el Santo Padre Benedicto XVI lo nombró Obispo de San Bartolomé de Chillán, para suceder a Monseñor Alberto Jara Franzoy que había presentado su renuncia por razones de edad.

Monseñor Carlos Pellegrin asume la Diócesis de Chillán a los 47 años, el sábado 29 de abril de 2006, con el deseo de servir a esta Iglesia Diocesana con todo el corazón, en el espíritu de Jesucristo nuestro Señor y fiel a las enseñanzas de la Santa Iglesia.
El Obispo de Chillán, monseñor Carlos Pellegrin Barrera el año 2007 fue electo presidente del Área de Educación y miembro de la Comisión Pastoral (COP) de la Conferencia Episcopal de Chile (CECh). Asimismo, fue electo Presidente de la Organización Internacional de la Educación Católica (OIEC).

El lema de la próxima visita del Papa Francisco a Chile es “Mi paz les doy”, evocando el saludo de Jesús resucitado en medio de los asombrados discípulos, que renuevan su fe y confirman su misión. 

La pregunta que ha surgido, con justificada razón, es ¿cuánto cuesta la visita del Papa a Chile? Se sabe que el total debería estar cerca de los 4 mil millones de pesos, lo que suena en un primer momento como una inmensa cifra y contrasta con la imagen de una Iglesia que predica la opción por los pobres y la sencillez de vida. Por eso es importante saber que el Papa no se lleva ni un peso de Chile, tampoco cobra por la visita a ningún país donde va, todo el dinero será destinado a cubrir los gastos de los encuentros multitudinarios y saldrá de los bolsillos de los católicos y de los que, libremente, deseen aportar. Si bien la visita del Santo Padre es a Chile y a cada chileno, el aporte económico que la hace posible proviene  principalmente de los católicos. Por medio de colectas masivas, ya en curso, en parroquias, colegios, capillas y espacios públicos, se espera sumar el 40% del total requerido, esperando cubrir el resto de aportes privados y de la misma Iglesia. 

El 92% de lo presupuestado será para habilitar espacios, equipar y diseñar los mismos, y disponer la infraestructura de los ambientes de oración en Santiago, Temuco e Iquique. Todo lo anterior significará ingresos para la industria nacional, proporcionará trabajo a muchos y se sumará a los ingresos considerables que obtendrá el turismo en cada zona visitada por el Papa. Cada visita papal deja ingresos económicos considerables para las naciones visitadas, como lo demuestra el reciente ejemplo de Colombia y México. Por decisión de la Conferencia Episcopal, después de la visita, y la debida rendición pública final, el remanente se destinará a los adultos mayores, instituciones que atienden a los inmigrantes, y Caritas Chile. 

Muchos se preguntan por qué no se gasta ese dinero en ayuda a los más pobres. Es una buena pregunta, y se responde recordando que el Vaticano es el centro de ayuda humanitaria más grande del mundo. Basta con ver los 5.378 hospitales, 18.088 dispensarios, 645 leprosorios, 15.448 hogares de ancianos, 9.376 orfanatos, 11.556 jardines infantiles, 13.448 consultorios matrimoniales, 33.149 centros de educación social y las 133.174 escuelas primarias, secundarias y universidades en el mundo entero, con preferencia en los países más pobres de África, Asia y América Latina.

La memoria agradecida nos ayuda a no olvidar que la visita de Juan Pablo II marcó un cambio de actitud y regaló los ímpetus para el encuentro que llevó a la democracia y a nuevos tiempos de justicia y paz. En el caso de Francisco, nada lo atemoriza ni aleja de los más carenciados y pobres del mundo. En medio de amenazas y temores, no deja de estar presente en los lugares donde se concentra la violencia y la guerra, convirtiéndose en un mensajero de paz para muchos. Estos meses previos a su visita estamos llamados a generar vínculos de unidad, alejarnos de la discordia, rechazar la violencia, construir puentes de diálogo y encuentro, en un ambiente de respeto a la diversidad que nos regala la paz del Señor. 

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