[Editorial] Calles en pésimo estado

Por: Fotografía: Mauricio Ulloa 10:45 AM 2017-10-30

En esa nueva ágora que son las redes sociales, Chillán es conocida como la ciudad de los “eventos”, en alusión a lo deteriorada que está su red vial, hoy un muestrario de roturas de la más diversa índole y origen. Se trata de una situación que irrita a la ciudadanía, pues entiende que pone en riesgo a automovilistas y ciclistas, a sus vehículos y desmerece la fisonomía urbana de la capital de Ñuble.

Los motivos de esas deficiencias son diversos. Van desde el paso del tiempo, el constante flujo vehicular, el efecto del clima, la desidia de empresas de servicios, hasta la indiferencia de la autoridad competente, el Serviu, que en las últimas dos décadas jamás ha tenido un programa de conservación eficiente. 

Entre tanto, los automovilistas tienen vedado conducir tranquilamente. Deben hacerlo, por fuerza, con los ojos clavados al pavimento, porque donde menos se lo espera pueden aparecer cráteres de distintas profundidades, capaces de liquidar amortiguadores y hasta al más resistente sistema de suspensión.

No es esta, justamente, la perspectiva más grata para una ciudad que no sólo debe hacerse cargo de proveer un razonable bienestar a sus habitantes, sino que además se convertirá en la capital de la nueva región y aspira a transformarse en un centro de servicios y referente del turismo. 

Se podrá argumentar que la construcción y mantención de las vías es una tarea que le corresponde al Serviu y al Ministerio de Obras Públicas, sin embargo, tampoco se puede negar el rol que cumplen los municipios en la gestión de los proyectos, particularmente en sus etapas iniciales, incluso antes, en la detección de la demanda por mejoras.

En Chillán, esta misión ha sido se enmarca en un déficit general del municipio para gestionar el desarrollo armónico de la comuna. La infraestructura vial es un elemento fundamental de ese desarrollo, por lo que la identificación de las necesidades de la población, la generación de estudios y de proyectos de diseño, así como la gestión del financiamiento para la ejecución de esos proyectos, son tareas que el gobierno comunal deben abordar con la mayor eficiencia posible y a las que debe agregarse el respaldo político de nuestros parlamentarios, que junto con ocuparse de influir en la política local, también deben preocuparse de representar ante el nivel central la urgencia de este avance. Nada podría justificar un amplio lobby, tanto como la reconstrucción de la red vial de la ciudad. 

No es necesario esforzarse mucho para darse cuenta que en los últimos 20 años –con excepción de la Avenida O’Higgins- no se ha concretado ninguna obra de envergadura. Se han diseñado proyectos, se han postulado algunos para obtener financiamiento, se han buscado soluciones “parche” para la congestión, e incluso, se elaboró un Plan Regulador con calles de papel, pero nada de esto se ha transformado en soluciones concretas. Es tiempo de terminar con esta mora. La ciudad y sus habitantes merecen otro trato.  

 

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