Premiada “Robar a Rodin” llega a Chillán

Por: La Discusión Fotografía: Miradoc 08:30 PM 2017-10-27

Fue premiada como Mejor Documental Latinoamericano en FICViña y Mención especial del jurado en la Competencia de Cine Chileno de Sanfic.

“Varios no quisieron hablarnos, entre ellos los guardias del Museo Nacional de Bellas Artes”
Cristóbal Valenzuela

“Robar a Rodin” es una historia policial y reflexiva abordada con humor.

El 2 de noviembre llegará a salas la película de Cristóbal Valenzuela y María Paz González que indaga en el hurto de una escultura de Rodin en el Museo de Bellas Artes.

Será distribuida por Miradoc en 18 ciudades y 22 salas de Arica a Punta Arenas, incluyendo los cines Hoyts, Cinemark y Cineplanet de Santiago. 

En Chillán se exhibirá en Cine Club The Oz, en Avenida  Libertad 723, los días 2, 3, 7, 11, 12, 13, 15, 16 de noviembre, a las 19.00 hrs. y el 4 de noviembre a las 21:00 hrs. El valor de la entrada es de $1.000.

Argumento

Una mañana de junio de 2005, los guardias del Museo Nacional de Bellas Artes notaron que una millonaria escultura de Auguste Rodin había sido robada. 24 horas después, un tímido estudiante de arte regresó la pieza argumentando que la había robado como parte de un proyecto artístico en que quería comprobar que “una obra de arte estaba más presente no estando”.

Doce años más tarde, el cineasta Cristóbal Valenzuela indaga en el famoso robo entrevistando a artistas, abogados, teóricos y al propio protagonista del hurto. “Robar a Rodin”, producido por la destacada documentalista María Paz González y recientemente premiado como Mejor Documental Latinoamericano en FICViña, funciona como “un relato detectivesco que nos permite ironizar sobre el estado del arte contemporáneo y las contradicciones del quehacer artístico”.

Se estrenará el 2 de noviembre como parte del programa Miradoc, recorriendo un circuito que abarca exhibiciones en salas de Arica a Punta Arenas.

“Fue un rodaje complejo”
Cristóbal Valenzuela conocía al artífice del robo, Luis Onfray, cuando este cometió el hecho. “Yo estudiaba Cine en Arcis y él estudiaba Arte en la misma universidad”, recuerda el realizador. “No nos conocíamos, pero viví todo el tema muy de cerca. En Arcis era usual ver alumnos implicados en acciones subversivas, sin embargo, el caso del robo de la escultura de Rodin era distinto. Por primera vez estábamos frente a un estudiante que justificaba su acción delictual con argumentos estéticos”.

Valenzuela confiesa que la historia le quedó dando vueltas, pues tenía un gran potencial para convertirse en una intrigante película policial y, al mismo tiempo, en una bizarra comedia delirante. “Ambas líneas, lo policial y la comedia, funcionaban como un vehículo muy interesante para hablar en el fondo de temas como el arte contemporáneo, su función, la definición de arte y el rol de los artistas en las sociedades”, comenta.

La investigación duró seis años en los que contactaron a decenas de personajes implicados en la historia. El director cuenta que “varios no quisieron hablarnos, entre ellos los guardias del Museo Nacional de Bellas Artes. Solo uno aceptó y creo que solo lo hizo porque es evangélico. Al protagonista nos costó encontrarlo. Había cambiado de nombre, de Luis Onfray a Emilio Fabres, del primer al segundo nombre, del primer al segundo apellido. Cuando dimos él se mostró muy colaborativo. Vio en este proyecto una oportunidad de explicarse y expresarse como artista. Nunca antes le habían dado una ventana así”.

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