La savia joven que se tomó la gestión en el fútbol amateur

Por: Rodrigo Oses Fotografía: Fernando Villa/Cedidas por entrevistados 2017-09-30

Cristián Vilches es administrativo de auditoría, tiene 25 años y es el presidente más joven del fútbol amateur chillanejo. 

Dirige los destinos del Deportivo Unión Mardones hace tres temporadas, aunque hasta los 14 jugó en el Deportivo Zaragoza, de la Población Purén, donde vive junto a su esposa y dos hijas.

Él encabeza el grupo de timoneles jóvenes de ANFA Chillán cuyas edades fluctúan entre los 25 y 48 años y quienes decidieron liderar un proceso de renovación en la casta dirigencial.

“Me gustan los procesos, creo que mi aporte ha sido la renovación con los técnicos para lograr cosas, modernizar la gestión y llevar a la consagración al club”, recalca.

Su gestión luce dos participaciones en la Copa de Campeones. Con la sub-14 quedó eliminado en primera ronda, pero la sub-16 llegó a semifinales. “Fuimos el único  equipo de Segunda División que representó dignamente a ANFA en el Regional. Quedamos con un sabor amargo”, cuenta. “Me enamoré del club, de sus colores, somos una gran familia, me apasiona estar en la cancha, trato de repartir mis tiempos en la cancha y la familia”, narra entusiasmado.

Vilches revela que su familia lo apoya, aunque a veces “no entienden” el distanciamiento que genera su rol. Su próximo desafío es consolidar al club y subir a la Primera División, mantenerse y pelear cosas grandes. “Demostrar que podemos competir”, sentencia. 

“Mi gran amor”

Alejandro Castillo, conocido como el “Coca”, pertenece al reconocido Clan Castillo, una familia identificada con el Deportivo Unión Española de Rosita O’Higgins.
Con 34 años tomó las riendas del elenco hispano tras un duro castigo con la misión de levantar al club.

“Me pidieron una responsabilidad grande y como sentí apoyo, tomé el club en un momento complicado. Gracias al apoyo de la gente y de toda la directiva, logramos levantarlo, así que soy un agradecido de esas personas”, cuenta este esforzado vendedor.

Su principal aporte fue ordenar el club y fortalecer las series infantiles. “Ahora logramos que las series infantiles aporten puntaje. Nos preocupamos de sus colaciones, de su traslados, creo que ha sido nuestro gran aporte”, refuerza “Coca”.

Alejandro revela que su pareja, a pesar que no le gusta el fútbol, lo apoya y respeta su pasión. “Mi papá, tíos, primos, amigos, he sentido el apoyo de ellos, siempre he recibido un sí como respuesta si hay que hacer turno, ponerse con recursos, trasladar a un niño”, agrega.

Su pasión por Unión Española es indescriptible. “La Unión Española es mi gran amor de toda mi vida, fue una pasión que me transmitió mi papá, está mi vida acá, me inscribió a los 9 años, y nunca más me fui, acá trato de entregar todo, de sacarme la cresta para que al club le vaya bien porque si es así, es una alegría para mí y para mucha gente que rodea la institución”, reflexiona.

Tras “ordenar la casa”, su meta ahora es ascender a Primera División, consolidarse en la categoría y dejar de ser un club “ascensorista”.

Lautarino de corazón

Fabián de la Barra es sobrino del recordado ex jugador y entrenador de Ñublense, Eduardo de la Barra y su pasión por el fútbol y el Deportivo Lautaro nació cuando asistía a los torneos del club que organizaba Jaime Bastías en calle Echaurren, cerca de su casa. Lleva 15 años en el club. Fue jugador, secretario de acta, tesorero y ahora con 39 años, este ejecutivo comercial, es un activo presidente, encabezando una destacada gestión que logró la construcción de la sede propia en el terreno en comodato de calle Huambalí, con un gran aporte del empresario Casiano Andrade Vera.

“Esta pasión la traigo desde que era dirigente en el Liceo Comercial y antes en la Escuela España era presidente de curso, siempre cultivé este liderazgo. Ahora quisiéramos que muchos más se comprometieran, pero uno al final se pone cuero duro, poniendo el corazón, jugándose la vida por el deportivo, haciendo un esfuerzo económico de gran magnitud, pero el dinero pasa y los amigos quedan”, relata.

Bajo su mandato ha incorporado jugadores de pasado ñublensino como Larry Bustamante, Patricio Pinilla, Néstor Zanatta y Oliver Novoa y ahora, a Patricio Schwob. 
El club está saneado y apuesta a crear una rama femenina. 

“Solo nos falta coronar todo con una copa, pero el club tiene cuerda para rato”, sentencia De La Barra, quien se propuso seguir estrechando lazos con la empresa privada para mejorar la implementación deportiva y trabajando con las autoridades para lograr el empastado sintético de la cancha de Lautaro en Río Viejo.

Levantó al Cacique

Claudio Triviño Parra (48). Litógrafo o maestro grabador, vive al frente del Cementerio Municipal, desde donde articuló su gestión para levantar a un club que en la Liga Andaba parecía morir. Tras emigrar al fútbol amateur, subió a Primera con mucho compromiso de los jugadores que se acercaron al club de la mano de Triviño.

“Mi mayor motivación es darle realce al club y a la Población Zañartu y quedarnos por muchos años en Primera División, luchando con grandes equipos. A pesar que tenemos el nombre de un gran club de Chile, somos un equipo humilde que quiere luchar contra equipos poderosos de mucho dinero, que tienen grandes jugadores que mueven mucho dinero”, explica.

Y agrega un mérito: “En serie honor ahora tenemos chicos de gran calidad futbolística, todos los niños pueden pagar su participación, ya que en otros clubes, las series de honor son pagadas”.

En otras instituciones, la savia joven también se impone: Es el caso de los timoneles Jorge Quintana (35) de Lucero, Alejandro González (38) de  Manuel Rodríguez, Gabriel Salas (42) de Tejar, René Constanzo (42) de Roberto Mateos y Marcelo Ferrada (45) de Estrella del Pacífico. Es la generación de recambio que refrescó la gestión en ANFA.

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