Centrales térmicas

Por: 08:15 AM 2017-09-27

Convivir con el progreso tiene sus costos y ventajas, pero es algo prácticamente inevitable y que las comunidades deben aprender a manejar. Este es un proceso que lleva tiempo y recursos y que varía de acuerdo al desarrollo de los distintos países y los tipos de sociedad. 

La construcción de una industria, un vertedero, una autopista urbana, una cárcel, centrales termo o hidroeléctricas, edificios, antenas de celulares, producen un impacto directo en los vecinos del lugar donde se emplazan. 

Comodidad, conectividad, un ambiente favorable para el desarrollo de otros negocios, adelantos que mejoran la calidad de vida de las personas son una cara de la moneda. En la otra hallamos impactos ambientales, visuales, en la plusvalía y seguridad. En definitiva, el desarrollo económico no es gratuito y si bien conlleva mejoras para los usuarios, también implica deterioro y efectos negativos, o al menos la necesidad de cambios en el sistema de vida de los grupos humanos que resultan directamente afectados. 

En nuestro territorio tenemos varios ejemplos que pueden graficar lo señalado. Uno de los más emblemáticos es la nueva cárcel, cuyo rechazo ha sido a las ubicaciones propuestas (Chillán, Chillán Viejo, Bulnes y San Carlos) no a la cárcel misma. El caso contrario parecen ser proyectos de alcance productivo, de los cuales tenemos decenas de casos locales, sobre todo en el ámbito de la energía donde actualmente sobresalen las centrales térmicas que pretenden instalarse en Bulnes y Pemuco. 

Esta última, de la empresa Engie Chile, se encuentra concluyendo su proceso de evaluación ambiental. La iniciativa, que representará una inversión de US$400 millones, considera la construcción de una central de ciclo combinado (gas y vapor) de 480 MW de potencia neta; un gasoducto de 16 kilómetros para conectarse con el Gasoducto del Pacífico; y una línea de transmisión eléctrica de 4,3 kilómetros de longitud, que se conectará con la subestación Entre Ríos.  Y si bien no existe un plazo definido para la votación por parte de la Comisión de Evaluación Ambiental de la Región del Bío Bío, todo apunta a que podría ocurrir en el primer trimestre del próximo año. 

En total antinomia, al frente se encuentra un símil de la organización nacida en Bulnes, “Pemuco sin termoeléctrica” se llama y reúne a unas 50 personas. Su vocero admitió días atrás que dan por descontado que el proyecto será aprobado, pero que la mayor batalla se dará en tribunales, asumiendo la judicialización como si fuera parte del proceso de evaluación ambiental. 

Ciertamente, los proyectos de desarrollo económico no pueden prescindir de la legitimidad social, pero no son menores los riesgos que se corren cuando una comunidad no es capaz de diferenciar claramente entre las motivaciones de protección de sus derechos como habitantes de un determinado lugar, con otros objetivos que utilizan la misma situación para reivindicaciones de otro tipo. 

Es fundamental entonces que la población y en particular sus representantes, se informen adecuadamente y cuenten con los antecedentes suficientes que le permitan actuar con objetividad y no solo con pasión o con un sesgo negativo a priori, como parece ser el caso en comento. 

A la ciudadanía le preocupa la conservación del medio ambiente, pero ella debe comprender que las posibilidades de crecimiento y progreso social son hoy en extremo dependientes del costo de disponer de energía, lo que requiere un esfuerzo de todos para mantener esta discusión en el terreno de la racionalidad y el bien común.

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