Los señores alcaldes de la Región de Ñuble

Por: Claudio Martínez Cerda 2017-09-20
Claudio Martínez Cerda

Director Santa María la Real-Chile
Estudios Universitarios: Universidad de Chile.
Postítulo: Magister en Administración Pública. Instituto Universitario Ortega y Gasset, Madrid, España, 1999. Universidad de Sevilla, España, 2003. Subdirector Administrativo de Gendarmería de Chile, 1991 – 1993. Director Nacional de Gendarmería de Chile, 1993 – 1997.

El ensayista y politólogo norteamericano Benjamín R. Barber, sostiene que los alcaldes debieran gobernar el mundo. El porqué de esta afirmación del teórico y politólogo norteamericano, remite a la concepción griega sobre el origen de la política y de la democracia. En efecto, al referirse a la polis, a la ciudad, en donde según Aristóteles surge el hombre como un animal político, Barber sostiene que el hombre es un animal urbano. 

Esa afirmación cobra sentido muchos siglos después, con inusitada vigencia. Dos elementos dan fuerza a esta tesis. La primera de ella es que hoy el hombre vive mayoritariamente en la ciudad. La segunda está referida a que en este mundo global, en donde las fronteras son cada más difusas, en donde los estados o las naciones enfrentan problemas que no reconocen territorios delimitados -como el terrorismo, las pandemias, los fenómenos migratorios entre otros tantos- el único lugar donde las personas tienen efectivamente un arraigo cotidiano con el territorio, es la ciudad. Allí están nuestras familias, nuestros amigos, nuestros vecinos, y también allí están nuestros problemas y la posibilidad de resolverlos realmente. 

La ciudad es el espacio más representativo y democrático que pueda existir. En el caso de Chillán, las cinco plazas, las cuatro avenidas, la plaza del mercado, las anchas avenidas, la arquitectura patrimonial, son entre otros tantos elementos, aquellos que dan vida a la ciudad. 

¿Quién es el líder de la ciudad? El alcalde. Es el vecino más importante, de su capacidad de gestión depende en buena parte nuestra calidad de vida. No importa tanto su inspiración ideológica, como la de los concejales, lo importante es si estos son o no capaces de gestionar la ciudad, de modo que quienes habitan en ella sientan que hay alguien que atiende y resuelve sus problemas. 

Por ello cobra especial fuerza la afirmación de Barber, cuando sostiene que los alcaldes deberían gobernar al mundo, en el preciso momento en que Ñuble ha pasado a ser región. Será una región integrada por tres provincias y 21 comunas, cada una con un alcalde. 

Frente a la soterrada disputa por ser parte de la futura repartición de cargos y a la indisimulada ansiedad de algunos actores locales, los alcaldes surgen como los principales responsables de garantizar la gobernanza, desarrollo y proyección de la nueva región, a través de la gestión local. Más allá de su ideología fueron elegidos por sus vecinos y a ellos se deben para resolver sus problemas y expectativas. Por ello deben reunir un cierto perfil que los aleje de eso que se conoce como “operadores políticos”, y los sitúe como verdaderos políticos, capaces de resolver los problemas de los ciudadanos y conducir ese espacio multicultural y multisocial que es la polis, 

La ciudad, no es el Parlamento, ni la sede del partido, ni el club social. La ciudad es el espacio de todos, es la máxima expresión de la democracia y el alcalde es el líder natural y director de esa orquesta llamada polis. 

Si los alcaldes de las 21 comunas se reunieran y coordinaran en torno a objetivos comunes y complementarios, podrían impulsar en la realidad el desarrollo de la Región de Ñuble, y las disputas por el poder no serían tan trascendentes.

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