[Editorial] Directivos para Ñuble

Por: 09:30 AM 2017-09-20

Tras el retorno a la democracia, en 1990, la conformación de los equipos de gobierno en los diferentes niveles respondió básicamente a dos criterios; por una parte tener personeros que cumplieran con los requisitos profesionales y técnicos necesarios para desempeñar los diversos cargos y al mismo tiempo que tuvieran militancia o “afinidad” con la Concertación, facilitando el fortalecimiento de la coalición misma. 

Estos criterios si bien fueron muy relevantes en los primeros años, no respondían plenamente a las exigencias que surgían de avanzar en la modernización del Estado, lo que llevó en 2003 a establecer un mecanismo objetivo y transparente de concursabilidad para los cargos directivos del Gobierno, el Sistema de Alta Dirección Pública (SADP).  

En estos 14 años ha aumentado la cantidad de servicios adscritos al sistema (111 con 1.024 cargos en la actualidad), se han recibido casi 200.000 postulantes en todo el período en 2.000 concursos, un 30% de los nominados son mujeres y el 55% de los nombrados no era titular en el cargo. 

Sin embargo, queda aún mucho por avanzar para lograr una verdadera consolidación del SADP, principalmente en el terreno de la confianza política, para que pueda sortear de mejor manera los cambios de gobierno y de coalición, lo que cobra especial vigencia en la actual coyuntura de Ñuble, que tras convertirse en región debe estructurar su aparato público, lo que ocurrirá dentro de un año.

La configuración definitiva de los servicios que estarán en la nueva región dependerá de las decisiones que adopte la delegada presidencial, Lorena Vera, en función de los requerimientos que le planteen los servicios estatales que estarán situados en la capital regional y en las provincias de Diguillín, Punilla e Itata, y que la semana pasada comenzaron el trabajo de recopilación de información. El rango que se ha conocido hasta ahora es bastante laxo, y está cifrado entre 500 y 1.700 nuevos empleos, dado que cada cartera y departamento estatal debe tener su propio representante regional y funcionarios técnicos.

A nivel académico y gremial existe coincidencia de que en la designación de las funciones, en especial para los altos cargos directivos, deben primar, por sobre cualquiera otra consideración, elementos técnicos y por lo tanto acceder los mejores a la administración regional.

En la vereda opuesta se hallan representantes de colectividades de todo el espectro político. Para los oficialistas, lo ideal sería que las contrataciones quedaran “amarradas” en esta administración, mientras que para la oposición deben ser las nuevas autoridades las que nombren a personas de confianza en esos cargos, como siempre ha sido.

El riesgo de esa vía -aún tan transitada en nuestro país- es la segura infiltración del cuoteo político, práctica que termina dañando a la ciudadanía por la baja calidad de los bienes y servicios públicos que produce.

Como en muchos otros aspectos, en el institucional Ñuble también tiene la oportunidad de hacer las cosas de un modo distinto y mejor, constituyéndose en un espacio privilegiado para que profesionales competentes lleguen a ocupar los puestos de trabajo donde se tomarán decisiones relevantes para el devenir del territorio. Directivos públicos seleccionados de modo transparente, con capacidad estratégica y gerencial, es el perfil de la burocracia que la nueva región necesita.

 

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