Región turística

Por: Fotografía: Mauricio Ulloa 2017-09-14

Hay dos factores que son claves para competir como destino turístico y tener exitoso en ello: contar con infraestructura adecuada y poseer uno o varios elementos diferenciadores del destino, que a fin de cuentas es la motivación esencial del viaje. 

Tales atributos deben proyectarse nacional e internacionalmente y para ello el marketing y la comunicación estratégica sugieren esforzarse en construir una identidad que proyectar en una imagen de marca. En el caso de la Región de Ñuble sería la naturaleza su recurso primario, el atributo principal como destino. 

Nuestra geografía diversa y deslumbrante, la Cordillera de los Andes, el litoral costero y el Valle Central, junto a la cultura y nuestra gente, producen el mix que debería servir de base a una estrategia de mercadeo pensada para Chile y el mundo. 

Nuestra oferta es ampliamente variada, probablemente la más heterogénea de Chile, pero tiene la virtud de ser cercana, de modo que en cuestión de horas el visitante puede pasar de los imponentes paisajes montañosos de Termas de Chillán, a la tranquilidad  de la franja costera o de la cuenca del río Itata, que registra los mejores números, junto a Las Trancas. De hecho, uno de los principales destinos turísticos que impulsó el incremento de visitas durante la temporada estival pasada fue Quillón, que durante el verano 2017 albergó a más de 150.000 visitantes y que aumentarán si sigue mejorando la oferta e inversión privada como ha sido la tónica de los últimos años.

Otro destino que también ha tomado fuerza es Cobquecura, comuna que ha sabido sacarle provecho a su franja de mar, de cerca de 50 kilómetros, acompañada de atractivos como lobos de mar, dunas, roqueríos y playas aptas para la práctica del surf.

Si la región quiere ser destino turístico no solo de clase nacional, sino también mundial, se requiere de un esfuerzo público-privado, ampliamente consensuado y concertado entre los actores y el Estado en su conjunto, condición necesaria para lograr la imagen de diversidad geográfica y cultural que deberíamos proyectar. 

Nuestro nicho se ubica en el turismo de naturaleza y de intereses especiales, lo que puede acompañar a otras presentaciones de productos locales -como el vino, la gastronomía y la biodiversidad ambiental- dándole una integración a la imagen de marca del turismo de Ñuble. Será clave entonces que los esfuerzos de marketing exploten la idea fuerza de la oferta diversificada y sean sostenidos en el tiempo. 

El posicionamiento que la nueva región puede alcanzar depende en mucho de que los sectores público y privado entiendan esta regla básica de la comunicación estratégica y brinden información concreta sobre la región y sus comunas, lo mismo que una propuesta de itinerarios que extiendan el conocimiento del territorio y despierten el interés del viajero. 

Otra cuestión distinta sobre la cual hay que insistir internamente es la calidad de las rutas secundarias. Evidentemente es un tema de otra naturaleza, pero íntimamente ligado a quien planifica viajar y conocer los atractivos de la Región de Ñuble.

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