Las dos caras de la tortura en Chillán durante 1973

Por: Felipe Ahumada Fotografía: Mauricio Ulloa 08:45 PM 2017-09-09

Los ex uniformados que están procesados por violaciones a los derechos humanos, tuvieron un quiebre por la muerte del alcalde Ricardo Lagos

Torturados y familiares de desaparecidos recuerdan sus modos de operar

Era el 18 de septiembre de 1973, y el conocido filántropo chillanejo, Arturo Bonometti, acompañaba a su amigo, Reinaldo Jeldres, ex funcionario del Indap, a buscar un salvoconducto al Regimiento “Chilán”.

A la altura de lo que hoy es la clínica Las Amapolas, un cordón militar los detuvo, dejando pasar solo a Jeldres, el ex Mapu. Pasaron varias horas y Bonometti no lo veía volver.

Cuando la fatiga ya lo vencía, un soldado se acerca a él, se agacha cerca suyo, fingiendo la necesidad de abrochar sus botas y le dice sin mirarlo, “dice mi comandante Toro, que si no se va ahora, le va a pasar lo mismo que a su amigo”. Bonometti se fue y nunca más se supo de Jeldres.

Solo en la cabeza del ex comandante está guardada la real intención de esa advertencia, puesto que, aunque sonara a amenaza, perfectamente pudo haber sido un salvavidas para el conocido benefactor.

El ex general del Ejército, Juan Toro Dávila, dijo en una entrevista otorgada a un medio escrito en Magallanes, región de la que fue intendente, que “nunca fui partidario de reprimir a la gente durante el gobierno militar”.

Sin embargo, quien fuera además embajador en Uruguay, fue procesado como encubridor en el delito de secuestro calificado de Jeldres, la semana pasada por el ministro Carlos Aldana.

Además, se le recuerda como el comandante del Regimiento “Chillán” en 1973, año en que permitió que agentes de la Dina ocuparan una de las dependencias del predio, cercana a lo que hoy es la Universidad del Bío-Bío, como centro de tortura, lugar que rápidamente bautizaron “El Sheraton”.

Con todo, las mismas víctimas de torturas de esos años admiten que Toro también salvó vidas.

Uno de ellos es Jorge Vera, detenido armado en el ataque al retén Niblinto. “Yo tenía todo para haber sido torturado y asesinado. Recuerdo que Toro pidió conocerme cuando estaba en la cárcel de Chillán, no habló mucho conmigo, pero me metió en la lista de 18 personas a las que envió a la Isla Quiriquina, para evitar que nos mataran, allí también envió al ex gobernador de Ñuble, Luis Quezada”.

Según Vera, Toro se enfadó cuando mataron al alcalde de Chillán, Ricardo Lagos y a su familia, porque “él mismo lo había ratificado tras la elección, por eso cuando el torturador Patricio Jeldres, le pidió esa lista, Toro se la negó”.

A diferencia de Juan Toro, el general (r) de Carabineros, Patricio Jeldres Rodríguez, está preso en el penal Punta Peuco, tras ser procesado por el ministro Carlos Aldana, en mayo de este año.

Se le acusa de ser autor de los homicidios calificados del menor Gabriel Cortés Luna y del relojero Patricio Weitzel Pérez. Además, en 2016 fue condenado a 5 años de presidio por la muerte del ex militante del MIR de Chillán, Luis Ibarra Durán.

“Él era el jefe del grupo operativo de los carabineros que andaban matando y secuestrando acá en Ñuble. Era un despiadado, especialmente con los campesinos”, recuerda Teresa Retamal, del grupo de Familiares de Detenidos Desaparecidos de Chillán.

De hecho se atribuye a una de sus órdenes el asesinato del entonces alcalde Ricardo Lagos y toda su familia, en Chillán.

“Él dirigió todos los interrogatorios y torturas que se cometieron en los calabozos de la Segunda Comisaría, y de allí también se le perdió el rastro a muchas personas, recuerda Jorge Vera, quien de hecho fue torturado en esa unidad policial.

“Todas las torturas posibles, él las utilizó, sobre todo en los campos, donde no solo pateaba y golpeaba a la gente, sino que les aplicaba el submarino, es decir les metía una y otra vez la cabeza en el agua a los campesinos. Lo hacía en las piletas, en un canal o donde encontraran agua, sin importarle que lo estuvieran viendo sus esposas o hijos”, repasó Teresa Retamal. 

Siempre en Chillán, a Jeldres se le sometió a proceso por el delito de secuestro calificado de Robinson Enrique Ramírez del Prado, presidente de la CUT Chillán y Leopoldo López Rivas, zapatero y militante del PC. Ambos desaparecieron tras ser sometidos a torturas en la Segunda  Comisaría de Chillán.

En 2014 se le procesó por la desaparición de los obreros agrícolas, Gilberto Pino y Sergio Cádiz, y es sospechoso de otros diez casos de secuestro permanente.

“No tengo dudas de que él pasará a la historia como el más feroz torturador que hubo acá en la zona”, remató Teresa Retamal.

 

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