Ñuble guarda 103 años de historias de Nicanor Parra

Por: Carla Aliaga Fotografía: Archivo La Discusión 08:40 PM 2017-09-09

Conocer la vida y obra de Nicanor Parra, se ha vuelto cada vez más interesante. No solo por su invaluable legado artístico y cultural, sino también porque por estos días, el llamado “antipoeta”, acaba de cumplir 103 años de vida.

Es 5 de septiembre de 1914 y todo parece como el día anterior. El viento puelche, que viene desde Argentina, predomina y los cerros encajonan la cuna de uno que sería grande, y que nació en plena cordillera.

A pocos metros de un polvoriento camino, Nicanor Parra Parra y Clarisa Sandoval Navarrete esperan la llegada de Nicanor Parra Sandoval. El primero de una especie irrepetible y el dueño de una pluma imposible de predecir. Aunque aún permanece un manto de misterio sobre el origen de este clan, lo cierto es que el propio poeta ha asumido que su primer asomo de genialidad, ocurrió en la comuna ñublensina, y que tras cumplir cinco años, debió despedirse de ella.

Su corto peregrinaje por San Fabián de Alico hizo que los relatos de su presencia se fueran diluyendo entre quienes fueron dejando de existir. Dicen que nació en el sector Las Guardias, no exento de complicaciones.

“Durante medio siglo la poesía fue el paraíso del tonto solemne hasta que vine yo y me instalé con mi montaña rusa”. Con estas palabras Nicanor Parra reconoce el impacto que su poesía causó en la literatura nacional. Junto a sus padres y numerosos hermanos -Violeta Parra entre ellos-, constituían una familia de clase media provinciana, sometida a la precariedad económica y continuos cambios de residencia. En 1932 se trasladó a Santiago para concluir los estudios secundarios en el Internado Barros Arana. En 1933, ingresó al Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile, para iniciar las carreras de Matemática y Física.

El antipoeta nunca puso en duda su procedencia. Aunque ahora reside en Las Cruces, Quinta Región, y más que cordillera su vista apunta al Océano Pacífico, sus palabras siempre afirmaron que en Ñuble partió todo. Y así lo reafirmó la única vez que regresó a San Fabián de Alico como una figura de la literatura.

Amistades ñublensinas
El año pasado un poco antes de su cumpleaños, el académico de la Universidad del Bío-Bío, Juan Gabriel Araya, visitó a Nicanor Parra. “Lo encontré bastante lúcido. Me invitó al jardín de su casa, me agasajó con unos mariscos y una botella de vino y después fuimos al antejardín. Él se fijaba mucho en una mariposa y decía que era la encarnación de su hermana Violeta. Él sabía que la Violeta cumpliría cien años y estaba pendiente para celebrar su cumpleaños”, recordó Araya.

El académico de la UBB relata que la relación entre él y Parra surgió cuando Gonzalo Rojas, profesor de Araya, le sugirió que elaborara un trabajo acerca del antipoeta.

Juan Gabriel, estudiante en ese entonces,  fue a verlo a su casa en Santiago y terminó viviendo dos semanas con él. Ahí conoció a Violeta y a Roberto Parra.

“Cuando fui a su casa en Las Cruces, también recordó historias que tuvo en el puerto de San Antonio, junto a su hermano Roberto. Allí conoció a la negra Ester en una casa de remolienda. Así surgió la famosa obra de teatro. También se acordaba de cuando le sugirió a Violeta que se fuera a cantar a Santiago y así empezó a cantar rancheras en las radios de la capital”, comparte Araya. 

Otro ñublensino que compartió hace pocos días con Nicanor, exactamente para su cumpleaños, fue David Vivero, el chef sancarlino que llegó hasta la Región de Valparaíso para ofrecerle, como cada año, sabores típicos de la tierra de Ñuble.

Le preparé un bistec de emú con papas violeta. Plateada al horno de barro, le serví jamón, malaya y un buen vino de la zona”, contó Viveros.

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