La experiencia de Ñuble en la “Ruta Calle”

Por: Susana Núñez Fotografía: SSÑ 2017-09-09

“La profesora”, “El artista” y el “Víctor Jara” son algunos de los pacientes que se atienden  en el “consultorio itinerante”, como le llama la doctora Camila Cerón, a la Ruta Médica que recorre cuatro comunas de Ñuble para acercar la medicina a aquellas personas que viven expuestas a la dura realidad de la calle, aquella que se torna compleja cuando los termómetros comienzan a descender.

No es fácil vivir ahí, muchas veces son tratados como seres invisibles en un escenario adverso, donde la lluvia y el frío no parecen tener compasión, agravando males existentes e incluso poniendo en riesgo la vida, como sucedió el año pasado cuando cinco personas no resistieron el crudo invierno.

Tras esa cifra, el Servicio de Salud Ñuble y la Seremi de Desarollo Social ejecutaron en forma inédita a partir de junio, este programa de atención ambulatoria que se realiza en Chillán, Chillán Viejo, San Carlos y Bulnes, para tratar infecciones respiratorias, hipotermia y complicaciones en la piel. 

Durante su primer año de acción en Ñuble, suma 652 prestaciones y en cada jornada atienden a  20 personas sin techo.

La tarea de implementar “un consultorio” en la calle, ha sido un desafío para el equipo compuesto por tres médicos, paramédico, enfermera y una asistente social quienes atienden cada lunes, miércoles y viernes a sus nuevos  pacientes  a los que consideran  especiales, ya que muchas veces se resisten a ser atendidos. Ganarse su confianza ha sido una prueba difícil de superar.

Historias del alcoholismo, rupturas familiares y ausencia de redes de apoyo han desencadenados dolores que parecen ser más soportables en la calle. Algunos de ellos han permanecido más de 10 años en este lugar, mientras que otros solo 4 meses. Tienen entre 19 y 84 años, algunos son parejas y otros familiares lejanos que han hecho de la calle se segundo hogar, un sistema de vida que en algunos casos no quiere abandonar, porque nadie los juzga y les impone reglas.

El popular y temido personaje del “viejo del saco”  y otros prejuicios que suelen crearse en torno a estas personas desaparecen al escuchar a la doctora Camila Cerón, quien  distribuye su tiempo entre el Hospital de Bulnes y sus pacientes de la Ruta Médica.

“Los más impactante es que todas estas personas venían de familias bien constituidas en algunos casos y, que por alguna razón, a nosotros también nos podría pasar, terminar en una situación así, si hay harto consumo de alcohol y drogas de por medio, y sobre todo por  ausencia de redes de apoyo como familia y sociedad. Son personas con las mismas capacidades que nosotros, algunas veces con profesiones o trabajos estables y producto de alguna pelea o alcohol se vieron alejados de su familia”, comenta.

Pero más allá de la pobreza hay gestos que no pasan desapercibidos y que han cambiado la mirada de los profesionales, porque además del drama, los une la solidaridad entre ellos.

“Hay una señora que vivía en la Iglesia San Vicente y luego se fue al Mercado, donde toma un rol de mamá en su grupo y ella misma se preocupa de darle los medicamentos a la hora, de enseñarles el tratamiento y es también la que los acusa de cómo se han portado. Vamos conociendo como un sistema de apoyo”, relata.

Este mundo  ya era conocido para la coordinadora  del plan y asistente social Macarena Velásquez. Su trabajo anterior con personas en esta condición le ha ayudado para abrirse camino en la Ruta, donde la  desconfianza y la resistencia a ceder el espacio son los principales obtáculos con los que a veces tropiezan.

“Al principio eran un poco quisquillosos, pero ahora  ellos piden la Ruta. A veces nos dicen que en el Mercado está don José, que quiere que lo pasen a ver, y  es de  puro “regalón” que nos llama, que le duele aquí y allá, pero es porque quiere ver a las señoritas de la ruta. A pesar de que son súper resistentes y esquivos con la salud, la Ruta Médica tuvo buena llegada, nos piden que vayamos, pero a veces cuando están con mucho consumo se ponen un poco pesados”, detalló.

Existen distintos casos,  los más complejos son aquellos que se niegan a abandonar la calle y que son reticentes a las instituciones de apoyo, cuenta Macarena.

“Hay personas que les gusta la calle porque no tienen reglas y se sienten libres, como también hay personas que debido a distintas crisis por las que han pasado están en esta situación,  por el consumo de alcohol y drogas que los deja nulos para llevar una vida normal. Hemos encontrado parejas que están en calle o con algún familiar lejano, el drama principal es que muchos no quieren acceder a los dispositivos sociales, hay quienes viven años en situación de calle, cuesta hacerles cambiar el switch  que ponen el riesgo su vida”.

En el país son cuatro los programa Ruta Médica que se han ejecutado. Ñuble destaca por aplicarlo como iniciativa propia, dos exámenes a las personas en situación de calle, el test del VIH y la Baciloscopía para detectar la presencia de tuberculosis. En una semana se concretaron 24 muestras,  sin encontrar pacientes con estas enfermedades.

“Ellos son sometidos a mucha discriminación cuando van a un dispositivo tradicional de salud, esperando horas en  Urgencia, donde les cuesta obtener un cupo para atención en su Cesfam, producto que no tienen la costumbre de acudir. Haber podido generarles esta instancia para que se sientan acogidos y cómodos  con nosotros es satisfactorio”, comenta Camila Cerón.

Cerca de 20 personas son atendidas en las jornadas en terreno, con intervenciones de dos a tres días, durante un total de 14 semanas.

Además,  se efectúan rondas médicas en los distintos dispositivos de hospedaje y albergues de invierno, las que incluye atención de salud a quienes duermen allí, y se efectúa seguimiento a los tratamientos médicos prescritos.

“El conocimiento acumulado sobre quiénes son y cómo viven las personas en situación de calle, echa por tierra mitos muy frecuentes sobre ellos. Así como no es cierto que todos quienes viven en calle están afectados por el consumo abusivo de alcohol y drogas, tampoco es cierto que la principal causa que explica la persistencia de esta condición sea la falta de vivienda”, aclaró el director del Servicio de Salud Ñuble, Iván Paul.

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