El debate ambiental que espera a la nueva región

Por: Roberto Fernández Fotografía: Archivo 2017-09-09

El surgimiento de organizaciones ciudadanas ambientalistas que se oponen a proyectos de inversión que se están ejecutando o que se planea ejecutar en Ñuble revela un distanciamiento entre la mirada económica del desarrollo respecto de los aspectos sociales, ambientales y culturales, así como una crítica a la institucionalidad ambiental, donde una de las principales demandas apunta precisamente a la necesidad de incorporar a las comunidades en la toma de decisiones que las afectan y al perfeccionamiento del Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental, delimitando su accionar a los meramente técnico y prescindiendo de la injerencia política, un debate que ha retomado fuerza luego del rechazo al proyecto minero Dominga por parte del Consejo de Ministros para la Sustentabilidad.

Proyectos como la central termoeléctrica a gas natural El Campesino, que se emplazará en Bulnes; así como la termoeléctrica Las Arcillas, en Pemuco; la central hidroeléctrica Ñuble y el embalse La Punilla en San Fabián; los centros de cultivo acuícola frente a las costas de Cobquecura, Coelemu y Trehuaco; la central a biomasa en Yungay; las minicentrales hidroeléctricas Halcones y Radales, en Pinto; o los rellenos sanitarios y planteles porcinos en Chillán Viejo; han logrado aglutinar a la comunidad en torno a objetivos comunes, de hecho, recientemente 15 organizaciones conformaron la Coordinadora Ñuble Sustentable y Libre de Contaminación, que reúne tanto a agrupaciones ambientalistas como a municipios.

En ese contexto, donde hay por un lado millonarias inversiones que podrían contribuir a mejorar los niveles de inversión en la zona, con efectos positivos en el empleo y la economía en general, y por otro lado, un creciente rechazo a iniciativas de alto impacto en el medio ambiente, en la calidad de vida de los habitantes y en el desarrollo de otras actividades económicas, como el turismo y la agricultura, la construcción de la nueva Región de Ñuble exige una definición respecto del modelo de desarrollo que se quiere para la zona, y si bien hay consenso en que la sustentabilidad debe ser un requisito, la forma de abordarlo presenta respuestas divergentes.

Para ello, actores locales plantean que se debe contar con instrumentos que sean capaces de compatibilizar las distintas miradas, para lo cual existe cierta coincidencia en que una adecuada planificación territorial y la elaboración de la estrategia regional de desarrollo podrían contribuir a ese objetivo.

Planificación del desarrollo
En opinión del decano de la Facultad de Ciencias Empresariales de la Universidad del Bío-Bío, Benito Umaña, “la estrategia de desarrollo es fundamental precisamente en estos temas. Si tenemos una carta de navegacion muy clara y consensuada entre los distintos actores, no solo públicos y privados, sino que también representativos de la sociedad. La estrategia debe definir el qué y el cómo. Qué sectores priorizaremos para lograr nuestro desarrollo y cómo lograremos esos objetivos”. El académico sostuvo que “el diseño de la estrategia nos permite ser proactivos, creo que lo negativo de toda esta discusión es que tiene mucho de reactivo”.

“Entendamos que la discusión es necesaria -continuó Umaña-, creo que debe haber una clara definición de roles y responsabilidades. Los grupos ambientalistas deben cumplir sus roles, creo que su participación es muy necesaria, pero creo también que con una definición de reglas técnicas claras la situación se puede resolver”. En ese sentido, subrayó que las definiciones deben ser técnicas y no políticas, “con reglas claras y con una mirada de mediano y largo plazo”.

Por su parte, el presidente de Corñuble, Juan Ramírez, aseveró que “tenemos amplias expectativas de la estrategia de desarrollo regional de Ñuble en muchas materias, pero particularmente sobre el tema ambiental. Se deberá tener un cuidado considerable, donde habrá que debatir mucho con los involucrados en un proyecto determinado, donde la cooperación publico-privada permitirá sortear con éxito las diferencias existentes, de tal manera que prime el bien superior”.

El dirigente gremial añadió que es clave entender la posición de los grupos ambientalistas, “pero también hay que considerar que no se permitan proyectos o negarse al desarrollo de procesos sustentables en nuestra región, es un retraso y como consecuencia dejamos de ser competitivos ante el resto de las regiones y países del mundo”.

En tanto, Andrés Parada, vocero del Comité Bulnes sin Termoeléctricas y de la Coordinadora Ñuble Sustentable, comentó que las distintas organizaciones decidieron articularse “para tener una contraparte de la comunidad en esta región que se implementará, donde concordamos que se debe privilegiar la agricultura, la cultura, la pesca artesanal, el turismo y proteger el medio ambiente, para así evitar que se sigan transformando en zonas de sacrificio, como Coronel, TilTil, Quintero, Quillota, Tocopilla o Mejillones, por nombrar algunos ejemplos”.

Según el dirigente, “queremos que nuestra organización tenga voz y voto en esta nueva región, es decir, vinculante; trabajar en conjunto con quienes toman las decisiones, y ojalá en un futuro cercano se establezca un ordenamiento territorial que permita tener un orden de dónde se debe autorizar tal y cual proyecto”.

Parada subrayó que “las inversiones perfectamente pueden ser sustentables, ya que hoy en el caso de las energías hay una amplia gama de posibilidades para poder generar energía con sol, viento, volcanes y olas de mar, en el turismo, que lleguemos a ese Chile potencia agroalimentaria, la agricultura orgánica hoy es una realidad, la pesca artesanal que genera 10 veces más empleos que la industrial, son ejemplos de que se pueden hacer inversiones sin dañar el medio ambiente”.

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