Mes de la Patria: ¿No habremos errado el camino?

Por: Monseñor Carlos Pellegrin 2017-09-04
Monseñor Carlos Pellegrin
Obispo de Chillán

Entró a la S.V.D y desde 1978 hasta 1980 realizó estudios de Filosofía, como miembro de la Congregación del Verbo Divino, en el Seminario Pontificio Mayor de Santiago. Entre los años 1981 y 1985 hizo estudios teológicos en el Instituto de Misiones de Londres, anexo de la Universidad de Lovaina.

El 25 de marzo de 2006 el Santo Padre Benedicto XVI lo nombró Obispo de San Bartolomé de Chillán, para suceder a Monseñor Alberto Jara Franzoy que había presentado su renuncia por razones de edad.

Monseñor Carlos Pellegrin asume la Diócesis de Chillán a los 47 años, el sábado 29 de abril de 2006, con el deseo de servir a esta Iglesia Diocesana con todo el corazón, en el espíritu de Jesucristo nuestro Señor y fiel a las enseñanzas de la Santa Iglesia.
El Obispo de Chillán, monseñor Carlos Pellegrin Barrera el año 2007 fue electo presidente del Área de Educación y miembro de la Comisión Pastoral (COP) de la Conferencia Episcopal de Chile (CECh). Asimismo, fue electo Presidente de la Organización Internacional de la Educación Católica (OIEC).

En todos los rincones de nuestro territorio nacional, en un contexto internacional complejo, en el que Chile destaca con ventajas de calidad de vida que atraen a tantos inmigrantes, florecen los más nobles sentimientos al celebrar un nuevo aniversario patrio. Los logros políticos, económicos, culturales, toman este año una importancia muy especial, pues nos invitan a fijar nuestros ojos en los más profundos anhelos de felicidad y plenitud que hay en el corazón de cada chileno y chilena. 

Más allá del optimismo compartido por la mayoría, siendo muy honestos, constatamos que aún hay grandes tareas por realizar para que Chile llegue a ser el país que soñamos todos, el de la justicia que nos recordó el mes de agosto la figura del Padre Hurtado, quien dedicó su vida a Dios y la los más pobres entre los pobres. A pesar de la riqueza acumulada en los últimos decenios de arduo y responsable trabajo por parte de los gobiernos y mundo empresarial, Chile se mantiene como uno de los países más desiguales del mundo, en urgente necesidad de lograr una mejor distribución de la reservas, que garantice la igualdad de oportunidades. 

En los últimos meses hemos sido testigos de un verdadero frenesí legislativo, que no desea dejar nada para el futuro y apresura la aprobación de leyes, sin darse el necesario tiempo de  reflexión para alcanzar buenas decisiones. Con la bandera de la diversidad se imponen las minorías ante el silencio incrédulo de las mayorías que siguen deseando un país donde los valores trascendentes sean la fuerza inspiradora de nuestra convivencia nacional, que no se alcanza con un decreto ni se decide a mano alzada. Pareciera que la ideología justifica cualquier sacrificio, aún aquel que pone en riesgo el futuro económico y estabilidad social de la nación.

La próxima visita del Papa Francisco será una instancia para recordar que nuestra patria se construye sobre la fe de tantos que, antes que nosotros, defendieron el proyecto país que soñamos todos, sin pretensiones de imponerse, pero tampoco callando su verdad. En estos meses previos a la llegada del Papa, el anhelo de los que tenemos fe es que la visita de Francisco nos ayude a entender con claridad que el pragmatismo de los resultados inmediatos nos está alejando cada vez más del proyecto de país que soñaron nuestros antepasados y grandes de la historia chilena y con determinación desea convertirnos, en el plazo más corto posible, en una “sociedad sin Dios”.

Desde que asumió como líder de la Iglesia Católica, Francisco ha sido siempre un pastor que predica la esperanza y la alegría. Por eso, su próxima visita de enero 2018 no estará exenta del llamado a repetir con el Padre Hurtado “contento Señor contento”, frente a tantos desafíos y dificultades para sacar adelante el proyecto de un Chile cada vez más fraterno. El sucesor de Pedro nos invitará a no perder la esperanza ni olvidar que la alegría es una característica de los hijos de Dios, pues abundan las buenas razones para celebrar este nuevo aniversario patrio con un corazón alegre y mirar el futuro inmediato con gozosa esperanza.

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