Patentes de alcoholes

Por: La Discusión 2017-09-02

Las estadísticas publicadas esta semana por el Senda y que ubican a Chillán en el cuarto y puesto de entre todas las comunas del país que tiene más cantidad de patentes limitadas de alcoholes en proporción a su población, ha vuelto a poner en el centro del debate la proliferación de locales de expendio de bebidas alcohólicas y en particular, la incidencia que tienen los municipios en esta expansión, al -supuestamente- otorgar las patentes que autorizan su funcionamiento. 

En la capital regional hay 484 patentes, 183 por sobre lo que exige la ley. El exceso es evidente, sin embargo, debe tenerse presente que en la última década los permisos han disminuido en 50, a través de la única fórmula que la ley contempla para la pérdida de lo que se considera un derecho adquirido: la no renovación por infracciones que cometieron sus titulares. 

Además, en este mismo lapso y por el exceso antes citado, se congeló  la entrega de nuevas patentes de alcoholes, lo que ha obligado a recurrir a una práctica poco ortodoxa por parte de los empresarios nocturnos, que consiste en la utilización de patentes de turismo para operar pubs y restaurantes. 

La legislación establece que dichas patentes municipales se pueden otorgar previa elaboración de un informe por parte del Sernatur, entidad que debe verificar que el establecimiento que la solicita cumpla requisitos clave, como ubicarse cerca de un atractivo turístico, atender de día y de noche, ofrecer gastronomía típica y funcionar todos los días del año.

Sin embargo, esta fórmula, que en la práctica ha permitido la apertura de nuevos pubs y restaurantes en la ciudad, con la consiguiente generación de empleos y de una mayor oferta de entretención para residentes y turistas, no se ajusta a la norma, porque la mayoría de los locales no funciona todos los días del año, no ofrece comida típica, no atiende de día y de noche, como se exige y no pocos arrastran un historial de denuncias y tensión con los vecinos de los sectores donde se emplazan. 

Este escenario ha significado el cierre de varios locales, la elaboración de un listado con  pubs y botillerías que están “condicionales” y ha estimulado una fuerte presión ciudadana por imponer una política de “mano dura” a los empresarios de este rubro. 

Sobre esto último, es conveniente obrar con prudencia, puesto que se trata de pequeños y medianos emprendimientos que generan empleo y contribuyen a enriquecer la oferta de entretención en una ciudad que ha decidido apostar por el desarrollo del turismo como uno de sus ejes económicos. 

Fomentar el turismo en la zona exige un esfuerzo de todos, y ciertamente la gastronomía y la entretención son áreas fundamentales en este negocio. Frenar su desarrollo sería un error, pero dicho desarrollo debe darse a partir de una planificación que minimice las externalidades negativas, como está ocurriendo con los acuerdo de convivencia entre locatarios y vecinos que, acertadamente, está promoviendo el municipio local.

 

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