Nuevo hospital

Por: 2017-09-01

La falta de certezas se ha transformado en el sino del proyecto que debe dotar a Chillán de un nuevo hospital. La iniciativa que nació en el Gobierno de Sebastián Piñera tras el terremoto, ha transitado por un sinuoso camino de incertidumbre, cambios e improvisación. 

Como se recordará, la idea original planteaba que el recinto sería financiado a través del sistema de concesiones a privados, sin embargo, el arribo de Michelle Bachelet echó por tierra ese mecanismo e impuso la idea del financiamiento directo. 

De esta forma, el Gobierno inició en mayo de 2015 una licitación para contratar el diseño y construcción del nuevo hospital de Chillán con recursos fiscales, cuya ganadora fue la firma Astaldi, la que posteriormente, a fines de 2016, fue invalidada por Contraloría tras detectar carencias en la entrega de antecedentes.

Tras ese revés, el Servicio de Salud Ñuble inició un nuevo proceso de licitación, que esta vez fue debidamente visado por la Contraloría General de la República, y que concluyó en julio pasado con la adjudicación al Grupo Inso Chile, que ofertó de $154 mil 594 millones, la segunda menos cuantiosa detrás de los $151 mil 843 millones que pidió Astaldi.

Hasta ahí todo iba bien. De hecho, solo se esperaba la firma del contrato. Sin embargo, la empresa italiana que tiene la concesión del embalse La Punilla e hizo la oferta más baja por el nuevo hospital, ingresó ante el Tribunal de Contratación Pública un reclamo de ilegalidad que hoy tiene detenido el proceso, con un panorama que se ve muy complejo, pues tras una primer estudio de antecedentes que le tomó dos semanas, ayer volvió a pedir una prórroga, esta vez por treinta días, para determinar si es o no legal la licitación, y si el proyecto puede seguir su marcha. 

Y si bien esperar un par de meses, cuando se ha esperado tanto, no empeorará la calidad actual de la salud pública en la zona, lo realmente preocupante son los constantes tropiezos que sufre esta emblemática obra y la incertidumbre que producen en la ciudadanía. 

Por otra parte, la confrontación política en torno al hospital está lejos de terminar y las segundas intenciones de los diferentes actores se mantienen latentes ante cada contingencia de este proyecto, incluso manipulando información real o partiendo de supuestos falsos, como ocurrió días atrás con las encendida defensa que hizo Sebastián Piñera a lo obrado durante su Gobierno.    

De la oposición, lo deseable sería una actitud vigilante y constructiva, sin el obstruccionismo que suele incrementarse a medida que se acercan las elecciones; mientras que del Servicio de Salud Ñuble debería esperarse una defensa jurídica eficiente y señales que repongan la confianza perdida sobre esta importante iniciativa que ya carga un historial de ambigüedades, contradicciones y acomodos. 

El plano judicial instala una nueva incerteza sobre el futuro hospital, pero independiente de cómo se resuelva, ya sea validando el actual proceso o declarándolo ilegal, lo que deben terminar son las miradas cortoplacistas y las intenciones proselitistas que han contaminado un proyecto que la Región de Ñuble necesita con urgencia y que solo será realidad con una dirigencia política lúcida y responsable. 

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