De Ñuble Región a la Región de Ñuble

Por: Claudio Martínez Cerda 2017-08-22
Claudio Martínez Cerda

Director Santa María la Real-Chile
Estudios Universitarios: Universidad de Chile.
Postítulo: Magister en Administración Pública. Instituto Universitario Ortega y Gasset, Madrid, España, 1999. Universidad de Sevilla, España, 2003. Subdirector Administrativo de Gendarmería de Chile, 1991 – 1993. Director Nacional de Gendarmería de Chile, 1993 – 1997.

Allá por el año 1997, un joven Marcelo Ríos avanzó en Roland Garros más allá de lo previsto de acuerdo a su incipiente carrera y creó una gran expectativa. El país deportivo se ilusionó y en la misma proporción, o más, sintió una gran frustración cuando cayó en cuartos de final.  

Con la puesta en marcha de la instalación de la nueva Región de Ñuble se han generado grandes expectativas; desde las más inconfesables, como es la posibilidad de tener un empleo o cargo en la estructura administrativa de la nueva región, hasta las más ciudadanas que piensan que ahora sí llegarán los recursos necesarios para superar las brechas y carencias de la antigua Provincia de Ñuble. 

La celebración al borde de la euforia en algunos casos, de exultante alegría en otros, da cuenta por cierto de una identidad arraigada para con el territorio matriz, ya sea por génesis o por adopción. Pero también da cuenta de la esperanza de que vendrán tiempos mejores. Y en el mundo cortoplacista como en el que vivimos y en que el extremo individualismo nos hace muchas veces despreciar o no ser capaces de imaginar el futuro, esto puede resultar extremadamente complejo y al final del día, frustrante. 

¿Cómo evitar o prevenir que el día a día de lo que viene no se transforme en una mala resaca de la fiesta que acaba de culminar? Para poder manejar esto debemos comprender, en primer lugar, que la administración de la nueva Región de Ñuble será parte integrante de la estructura política y administrativa del país y, por tanto, tendrá necesariamente un contenido político. La pregunta entonces es cómo los ciudadanos de a pie nos integramos a ese proceso, más allá de elegir al futuro gobernador regional o a los Cores de Región de Ñuble. 

¿Podemos exigir una gestión transversal, austera en el manejo de los recursos de todos, con un alto grado de eficiencia? Si, podemos y debemos hacerlo. ¿Podemos exigir que las herramientas e instrumentos que desde ahora estarán instalados en la nueva región, estén a disposición de la sociedad civil? Si podemos y debemos hacerlo, ¿Cuál será entonces nuestra misión en este escenario? Ni  más ni menos, que utilizar las nuevas herramientas e instrumentos, que ahora estarán más cerca, para el desarrollo de iniciativas públicas y privadas, que tengan impacto en el mejoramiento de la calidad de vida de los habitantes de nuestra región. 

Se supone que ahora estarán más al alcance de la mano, por estar instaladas en nuestro territorio. Por tanto el desafío para la sociedad civil y del mundo privado, también será ser eficientes en el uso de estas herramientas y nuevas posibilidades, aportando proactividad, creatividad e innovación en los procesos que se emprendan. Allí parece estar la clave de la gestión de la nueva región que ha nacido. Tenemos que pasar de la posición de espectadores alegres y expectantes a actores relevantes de nuestro propio destino. Para ello se ha creado la Región de Ñuble. Tenemos un punto de partida relevante, esto es una profunda identidad cultural e histórica que genera un sentimiento arraigado de unidad  en la diversidad.  La Región de Ñuble debe ser la palanca para transformar está identidad en desarrollo y progreso. De nosotros depende, de no caer o arrastrar a los ñublensinos al síndrome del “Chino” Ríos en Roland Garros. En esta fiesta debemos pasar de espectadores privilegiados a actores sacrificados. Si así ocurre el futuro será agradecido, eso es seguro.

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