Joven discapacitado lleva 19 años viviendo en el hospital de Quirihue

Por: Felipe Ahumada Fotografía: Mauricio Ulloa 10:40 AM 2016-04-11

Por 19 años lleva ocupando la primera de las seis camas de una de las salas del hospital de Quirihue.
En su cabecera hay fotos escolares, una pequeña pizarra con la leyenda Daniel Venegas, su nombre y al lado un pequeño clóset.
A veces se aburre y pasea por los pasillos del hospital en su silla de ruedas a toda velocidad -una de sus pocas diversiones-, por lo que en más de una ocasión ha embestido a funcionarios, visitas o pacientes, ganándose un merecido reto.
Amurrado, se vuelve a su cama y juega con su notebook hasta que se fatiga y vuelve a pasear en su silla, sabiendo que le está absolutamente vedado el poder traspasar los portales del recinto de salud y salir a explorar esa “leyenda” llamada calle.
De allí llegó al hospital de Chillán. En 1997 su madre, una mujer de Cobquecura con problemas de alcoholismo, dio a luz a gemelos, en un parto donde quedó claro que la ausencia paterna sería una constante . Uno de los bebés nació con la invalidante patología del mielomeningocele (la columna no logra desarrollarse en el vientre) además de un leve retardo intelectual.
Su hermano, en cambio, nació sano y fue el único que se fue junto a su madre del hospital.
A Daniel, debido a su enfermedad, lo internaron en el hospital de Quirihue y ni su madre ni ningún otro familiar lo volvieron a visitar jamás.
Por eso el hospital quirihuano es su casa y los funcionarios, lo más cercano que tiene a una familia.
“Este es uno de los tantos casos que existen, yo diría, si no en todos en la mayoría de los hospitales de Chile, donde hay personas con enfermedades invalidantes que son abandonados por sus parientes y que como no se les puede dar de alta, se terminan quedando en el hospital para siempre”, explica el director del nosocomio quirihuano, Alex Paredes.
Para ellos se dispone de lo que la Red Salud ha llamado “cama de socio sanitario” y estas se liberan solo cuando uno de sus ocupantes fallece.
“Es claro que nosotros no podemos seguir recibiendo más casos, por lo que declaramos tener un total de dos camas socio sanitario, una es la que ocupa Daniel, y otra, la que usa don Segundo Alejandro Ruiz Ruiz, una persona que está postrada hace 20 años en este hospital”, apunta Paredes.
Las gestiones por tratar de ubicarlos en hogares o en casas de acogidas son inútiles, puesto que requieren de constantes tratamientos médicos y cuidados especiales imposibles de exigir en ningún lugar que no sea un centro de salud.
Mirna Llanos, asistente social del hospital explicó que en el caso de Daniel incluso los trámites legales realizados para poder obligar a su familia hacerse cargo de él han sido infructuosos.
“Hasta que él cumplió los 18 años, había una tuición, pero siendo mayor de edad entra a otra figura legal, además no se podía contar con un hogar del  Sename, ya que ellos como institución ven casos de niños en riesgo social, pero no este tipo de casos”.
Llanos, de todas formas, acredita que desde siempre en el hospital los funcionarios lo han acogido, incluso consentido y contenido “sin que necesariamente alguien haya oficialmente asumido el rol de apoderado”.
Esto, sin embargo, ha redundado en una ausencia de una imagen paterna fuerte y la consiguiente carencia de reglas. “De chico fue muy regalón porque todos lo consentían, por eso le ha costado adaptarse a las reglas de la escolaridad y hoy, a sus 19 años, está matriculado en el Liceo Polivalente, en el Aura Laboral, pero a veces por su salud ha ocurrido que al año no vaya más de dos meses en total”.
Que pueda estar escolarizado es la meta de toda la Red de Salud. 
Sin embargo están conscientes que cumplir con su sueño de ser empleado del hospital no es algo tan sencillo, tampoco.
Daniel lo admite. “Me gustaría ser auxiliar, hacer las camas, ayudar con el aseo y también me gusta acompañar a los enfermos. Me gusta pasear por el hospital, pero a veces me aburro”. 
Dice que le gustaría que lo vinieran a ver. Ha habido ocasiones en que algunos familiares, incluyendo a su madre, han llegado por razones de salud al hospital y aún así han rechazado visitarlo.
“Me gustaría conocerla, saber de ellos. Le diría que venga, no más, que no se preocupe, que la perdono”, comentó.
el caso de alejandro
El doctor Jorge Hidalgo, subdirector médico del hospital de Quirihue, explica que el “costo mensual para mantener cada uno de estos pacientes es de 60 mil pesos diarios, es decir un poco menos de dos millones de pesos mensuales por cada uno”.
Por otro lado, aclara que “todo ser humano tiene un límite de edad en la que se hace posible una rehabilitación, generalmente es hasta los 18 años, y ambos casos, el de Daniel y el de Alejandro, ya son personas adultas”.
Alejandro Ruiz, el otro caso de paciente socio sanitario en Quirihue, es un campesino que “estaba arreando unos animales y en una curva muy cerrada me caí y el caballo arriba mío. Unos arbustos me salvaron de algo peor, pero la columna se partió en tres partes”, recuerda.
Dado que es tetrapléjico se moviliza en una silla eléctrica que le regaló el empresario Casiano Andrade.
Ruiz vive en una sala con televisor y además se le permite pasear por fuera del hospital, aunque generalmente está en los alrededores conversando con algunos comerciantes o dentro hablando con los pacientes. “Me gusta acá, es como mi casa”, reconoce.

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