El “diablo” que encandilaba con su exquisita técnica

Por: Rodrigo Oses Fotografía: Victor Orellana 2016-04-11

Santiago Ripoll marcó una época en ñublense a fines de los 60’ por su calidad para manejar la pelota

“Me daban la pelota y no la perdía, tenía buena técnica y la gente me aplaudía cuando hacía jugadas bonitas, tiraba un túnel o metía un pase entre líneas”

Santiago Ripoll Zúñiga (73 años) cuenta entre risas que hace algunos días otro crack inolvidable de Ñublense, Eduardo Cortázar, le confesó: “Sabes ‘Chago’, el único jugador por el que hubiese pagado una entrada en un estadio para verlo jugar  eres tú”.

“Le di las gracias a Cortázar por el halago”, revela Ripoll, mientras repasamos las fotos de la revista Gol y Gol donde aparece jugando por Ñublense y Colchagua.

Los que lo vieron jugar en el Ñublense de fines de los 60’ y finales de los 70’ coinciden con Cortázar. El “Viejo Chago”, como lo apodaban, era un volante de exquisita técnica. De una calidad que aportaba al espectáculo. Jugaba de “8” en el Rojo, pero en sus inicios en el club amateur Juventud Las Flores de San Gregorio era el “10”.

Con 15 años se fue al Varsovia de la José María Caro y de ahí pasó al Caupolicán de Los Nogales, club con el que se enfrentó a Óscar Romero, “Romerito”, que defendía al Capitán Gálvez y después fue su compañero en Ñublense. De ahí saltó a las cadetes de Universidad Católica y jugó en la reserva cruzada, hasta que Jorge Caballero lo descubre y lo lleva a jugar a Melipilla, desde donde pasó con 19 años a Deportes Colchagua, permaneciendo como una gran figura por seis temporadas.

Reconoce que desechó la opción de jugar en Primera División ya que Deportes Temuco lo quería, pero optó quedarse en San Fernando más cerca de su madre que vivía en Santiago. “La embarré, no pensé que Temuco era Primera y Colchagua estaba en  Segunda”, se lamenta el jugador que en Colchagua derivó de “10” a centrodelantero.

“Es que hacía muchos goles, de  tiros libres, de cabeza”, revela.

Con 25 años llega a Ñublense, luego de la gestión de Erwin Cea, timonel del Rojo  en el 64’.

-¿Qué jugadores recuerda de esos años?
-El “Talo” Vásquez, que tenía un chutazo, Jorge Miranda, Miguel Ángel Stella,  el “Viejo” Héctor Torres, Esaú Bravo, José Bravo, Cerda y el “Huevo” Poblete. Yo jugaba de 8, de 10 el “Talo” Vásquez en los primeros años. En la delantera, por la derecha José “Motoneta” Mardones o “Pepe” Sepúlveda, Miranda de once y de nueve Osvaldo “Mono” González, un centrodelantero bravo, de esos que se llevaba toda la defensa puesta, el “Mono” entraba con todo.

-¿Usted brillaba por su calidad técnica?
-Me daban la pelota y no la perdía y salía jugando muy bien. No fui muy rápido, pero la pelota la manejaba bien. Tenía buena técnica y la gente me aplaudía cuando hacía jugadas bonitas.

-La hinchada era fiel y se hacía sentir...
-Sí, era mucho mejor que ahora. El lado de la galería de madera del mercado siempre se llenaba, lloviera o tronara. Era gente más cariñosa,  con los jugadores y nosotros igual.

-¿Qué partidos inolvidables recuerda donde brilló?
-Como tres. Uno que íbamos perdiendo 1-0 con Trasandino y en el segundo tiempo hice dos goles, uno de tiro libre y otro de cabeza, ganamos dos a uno. El gol más bonito que hice en mi carrera se lo hice a Naval en Talcahuano. Le pegué de voleo. Es que ese partido era clásico, al igual con Lota.

-Con Lota se sabe que una vez quedó la grande allá.
-Sí, el 66’ le ganamos 1-0 y nos apedrearon los buses y no nos podíamos venir. Algunos fueron a parar al hospital con cortes de vidrio o piedrazos.

-Con los lotinos lucharon el título de 1969, cuando terminaron segundos.
-Empatamos en la última fecha con Iberia y se nos metió Lota por un punto.

-¿También sufrió en las pensiones impagas?
-Buuu, sí, teníamos que hacer la campaña del sobre en varias casas y dos días después pasábamos a buscar los aportes y en el mercado nos regalaban alimentos. En la pensión del practicante Castro no tuve problemas, pero igual servían con la cara larga porque el club no había pagado la pensión.

-¿Qué entrenadores lo marcaron?
-Oscar Andrade, después César Solís y Walter Pedutto que había sido jugador. Yo de ahí me retiré porque fuimos a jugar un partido a Concepción en enero y era por Mario Osbén que se venía a  Ñublense. Recuerdo que jugué bien y le puse como cuatro pases gol al “Bigote” Godoy, quien hizo un gol y yo otro. Perdimos 3-2. Andaba Fidel Yévenes, mi suegro a cargo de la delegación. Y me dijo no te alegres mucho porque vino Pedro Morales que iba a ser el técnico y dijo que te había encontrado lento. Yo le dije que podía ser lento, pero rápido de mente. Así que le dije a Mario Avendaño en el bus que no jugaba más. Tenía 32 años, me quedaba un año de contrato y me retiré, pero me pagaron seis meses. Nunca hablé con Pedro Morales. De ahí empecé a jugar en San Luis, en el fútbol amateur. Jugué de 10 durante 30 años.

-¿Y su paso por Ñublense cómo lo califica?
-Bueno, porque hice grandes amigos, conocí grandes personas y conocí a mi mujer (Silvia Yévenes). Me casé con ella a los cuatro meses. Ya me había visto jugar porque iba con su padre, Fidel Yévenes  al estadio. Llevo 47 años casado y tuvimos dos hijas. 

-¿Qué echa de menos del fútbol de su época en el actual?
-La técnica, porque ahora se juega mucho a correr. Por ejemplo el equipo de Ñublense juega a no perder, antes se jugaba a ganar. 

-¿Qué espera de este Ñublense en sus 100 años?
-Que recupere su identidad. Hoy es un club frío. Y que vuelva a Primera porque la gente aquí siempre ha apoyado.

Santiago Ripoll (parado, el cuarto de izquierda a derecha), brilló en este plantel sesentero junto al portero Salinas, Stella, Vásquez y Esaú Bravo.

“Chago” Ripoll en los 60’ ante Trasandino.

Santiago Ripoll se retiró con 32 años del fútbol para luego jugar 30 años en el amateur por San Luis. Hoy evoca su época dorada repasando artículos y fotografías históricas de las revistas donde sus jugadas solían robarse un espacio.

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