Los olvidados forjadores del verdadero amor por Ñublense

Por: Rodrigo Oses Fotografía: La Discusión 2017-08-19

Roberto Cortázar (1º de izq. a der.), fue jugador en los 40 y luego dirigente incansable en la época amateur del club.

“Los actuales dueños de Ñublense deberían levantarle un monumento a Lautaro Vásquez, que hasta lavaba las camisetas en su casa y demostró que este club era el alma mater del fútbol amateur de Chillán en los 40”, contaba en mayo del 2016, el desaparecido ex presidente de Ñublense, Mario Avendaño.ç

Como él, son varios los personajes olvidados de la historia del club que mañana festeja 101 años, y que merecen un reconocimiento porque forjaron los cimientos de una institución que en 1916 nació del sentimiento de un puñado de alumnos del Liceo de Hombres, liderados por el profesor Manuel Lara, y que se consolidó con el apoyo incondicional de los feriantes del Mercado.

Pocos saben que en la segunda mitad de 1920, uno de los primeros jugadores del club, que fue bautizado como Deportivo Liceo, Humberto Fagnilli, junto a su compañero Arsenio Orduña, propusieron el nombre de Liceo Ñublense, al fragor de unos tragos en un salón de la Sociedad de Empleados de Comercio, pues soñaban con una institución independiente de la matriz del liceo, donde el rector Narciso Tondreau no restringiera su proyección a todo Ñuble.

Lautaro Vásquez y Roberto Cortázar
En la década del 30 comenzó a brillar Ñublense en el amateur. De 1938 a 1948 ganó 11 títulos consecutivos de la mano de jugadores pocos recordados: como el arquero ‘Nano’ Fernández que  atajó en U. Española e incluso en la Selección Chilena, José “Pepe” Aller que había jugado también en la Roja, el delantero José Duhart, el volante Gornall y el atacante Roberto Cortázar, padre de Eduardo, histórico jugador de Ñublense que arribó con 15 años al club y fue el primer chillanejo de fuste en defender a la Selección Chilena.

Nadie recuerda al portero Víctor Urrejola, que en 1930 vistió la casaquilla de la Selección Chilena que enfrentó a Uruguay, campeón olímpico.
A nivel dirigencial hubo hombres trascendentales.

Candelario Sepúlveda sucedió a Manuel Lara, a quien siguió un timonel que dejó huella. 

El dentista masón Lautaro Vásquez, quien gobernó durante cuatro períodos y en 1942 rebautizó el club con el nombre de “Ñublense”. Junto a él, trabajó palmo a palmo, Roberto Cortázar, trabajador de la Barraca Molteo, y ex jugador de los 40 que hasta llevaba a los jugadores a comer a su casa.

Otro personaje histórico olvidado es Moisés Noriega, otrora director del Registro Civil, que fue impulsor del arribo de Ñublense al Regional, al igual que el gran protagonista de la gestión que significó el ingreso de Ñublense al fúbol profesional, Mario Avendaño. “Mi padre, Noriega, Vásquez y Avendaño, hicieron un trabajo que no siempre se valora”, remata Eduardo Cortázar, ex diablo rojo.

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