Hinchas del rojo y su pasión por el club que va por sus 101 años

Por: Camilo Díaz Fotografía: C.D.M. 09:00 AM 2017-08-18

El alma esencial de cualquier equipo de fútbol radica en los hinchas que le siguen y alientan en cada partido. El también llamado jugador número “12” ha sido pieza clave en la ya centenaria historia de Ñublense, llegando a ser denominado precisamente por el boom de su entonces incondicional apoyo de muchos, como el “Gigante del Sur”.

“Una vez fuimos hasta La Calera, eran como catorce buses de hinchas. Ese partido lo ganamos con gol de Zanatta, hay tantas historias, algunas se pueden contar, otras no”, dice entre risas el acérrimo hincha diablo, Rubén Bórquez, seguidor y socio del club desde 1978, y quien asume han habido buenas, así como también otras malas vivencias. “Una vez fuimos a Puerto Montt, Ñublense les ganó y a mí me quemaron una bandera grande que había comprado”, evoca Bórquez, quien viajó hasta El Salvador siguiendo la huella del Rojo, para presenciar un empate de Ñublense ante Cobresal. Por los nortinos anotó Iván Zamorano, mientras que cerca del minuto 40, Mario “Gol” Lagos puso el tanto del empate.

El “Tomate”
Otro que ha sabido ser incondicional con el equipo chillanejo es uno de los voceros de la barra de los “Rediablos”, Alexis Herrera, conocido como el “Tomate”.

“Sufriendo desde pequeño, tengo la suerte de vivir al lado del estadio, y que el equipo de mi barrio, donde yo jugaba también tenía la cancha ahí, y es allí donde nace nuestro amor por Ñublense, donde en la época de los 90’, eran más tristezas que alegrías”, recuerda  Herrera quien abiertamente además llama a la Sociedad Anónima que está al mando de Ñublense, a que “se abra, nos dejen entrar, el equipo es de todo los chillanejos. Agradecemos que tengan los dineros al día, pero queremos ser partícipes de esto, ir al complejo, a los entrenamientos”.

El querido “Sandro”
Otro personaje insigne entre la hinchada diabla, es el querido “Sandro”, cuyo nombre real es Luis Sepúlveda, quien con cada gol de los diablos rojos regalaba y lanzaba a los aires sus tradicionales sopaipillas o helados según fuese la época. Ya con un puesto establecido en el interior del Nelson Oyarzún Arenas, no se olvida de hacer un “cariño” a los hinchas del Rojo.

“El partido que se ganó a Rangers hicimos una ‘filita’ y regalamos bebidas y sopaipillas a algunos hinchas celebrando el triunfo”, precisó quien actualmente padece un lamentable Parkinson leve.

“Los que somos fieles a Ñublense lo apoyamos. Estuvimos en todos los viajes, me consta que a veces no habían ni buses para llevar a ver al equipo a jugar. Ahí estaba Mario Abarca, un gran amigo que decía ‘ahí está el camión y suban y vamos todos a ver jugar a Ñublense’. Lo recuerdo con mucho aprecio, pues fue un gran amigo y un hincha fiel. Lo que sentí mucho es que no hayan estado todos los jugadores de Ñublense allí en su funeral, junto a su directiva”, precisa con pesar Sepúlveda.

El coleccionista diablo
“Yo iba de pequeño al estadio. Mi papá me llevaba”, comenta Álvaro Palma, quien además tiene reunidas al menos 60 camisetas diferentes de Ñublense, con la particularidad que cada una de ellas fue utilizada y regalada por jugadores en cancha, en su mayoría desde el 2000 en adelante.

“Tengo la del ascenso del 2004 de José Gerardo Mardonez, el ‘Negro’ que me la regaló, de Oliver Novoa del 2005, recordar también la de Mauro Villanueva, que me regaló su camiseta en el ascenso del 2006 en Collao, cuando hizo el gol del empate a Lota, el 1-1 donde se subió a la primera categoría, la del 2012 de Paulo Olivares que también nos dio el ascenso”, recuerda entre tantas otra que atesora y muchas de las cuales estuvieron a disposición de la hinchada en el inédito Museo del Hincha Ñublensino.

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