La chillaneja que marcó la pauta literaria en Ñuble

Por: Carla Aliaga Fotografía: Archivo Biblioteca Liceo Marta Brunet Cáraves 10:20 AM 2017-08-14

Hace 120 años nació Marta Brunet en Chillán, frente al mercado, en la calle 5 de Abril. La escritora es una de las figuras intelectuales más prominentes que ha nacido en esta ciudad. Narradora, autora de una veintena de libros entre novelas y cuentos que le valieron la obtención del Premio Nacional de Literatura en el año 1961. Mujer ícono de las letras chilenas, junto a Gabriela Mistral y María Luisa Bombal. 

Marta Brunet dejó un legado en vida tanto a su ciudad natal, tierra amada por ella, como a la Universidad de Chile, donde fue profesora en las Escuelas de Temporada entre 1953 y 1962. 

A Chillán, durante su estadía de catorce años en Buenos Aires, mientras trabajó como cónsul en la embajada chilena en ese país, envió libros al Liceo de Niñas de la capital de Ñuble y a la Biblioteca Nacional de Chile.  Luego, de regreso a su país en la década del cincuenta, donó gran parte de su biblioteca personal al Liceo, sumándole algunas fotografías y cuadros.

Cartas
Brunet reafirma su compromiso que siempre demostró para con su ciudad natal desde sus inicios como escritora, los cuales se remontan precisamente a LA DISCUSIÓN, matutino en el que le pagaban la suma de 15 pesos por escribir bajo el seudónimo de Miriam.

Una de sus misivas se titula “Carta a un alumno del Liceo de Chillán” y en ella están contenidos y narrados varios pasajes de Brunet en la ciudad, recordando incluso su paso por LA DISCUSIÓN. 

“Escribía yo a la par que la muchachada. Publicaba: en ‘Ratos Ilustrados’ y en la página literaria dominical de ‘La Discusión’, el también añoso diario, abierto generosamente a nuestros escarceos, tanto que hasta nos pagaban. Sí, me pagaban la astronómica suma de quince pesos por cuento, hecho que me llenaba de un recóndito orgullo”, recordó la escritora en su carta. 

Al alumno imaginario le cuenta también cómo era la vida literaria en la ciudad, cuando ella era una adolescente. Habla de los amigos de letras que dejó en Chillán y de la creación de un centro literario del cual no recuerda el nombre. También habla de los primeros encuentros con Pablo Neruda y de la fascinación que le entregaba la idea de escribir para ser leída. 

A este alumno lo insta a nunca bajar los brazos. “Sí, era una muchachada intrépida que creía en Arturo Alessandri, que leía con obstinación a Joyce, y a Proust, que adoraba a Dostoievski, que se asomaba sin cautela a Marx y a Freud, que admiraba a Stravinski, que trataba de entender a Picasso, buscando ansiosamente caminos a su propio temperamento y formas a su capacidad creadora”, reza el escrito. 

Respecto a sus docentes, también les dedicó unas palabras. “Contábamos con un maestro por antonomasia: don Narciso Tondreau. Con un crítico benévolo: don Luis Felipe Contardo. Con un iluminado músico: Otto Schäfer. Con un dibujante destinado a formar escuela: Carlos Dorlhiac. Con un personaje salido de una novela victoriana para asomarse a través de viajes y libros a las maravillas del arte: don Darío Brunet. Con un gramático que lograba hacer entender y amar nuestro bello idioma: Claudio Rosales. Y por un prodigio del azar hasta se contaba con quienes creían en nosotros y respaldaban económicamente las innumerables aventuras de ese puño de creadores en agraz que todos éramos”, continúa.

Y antes de terminar su carta, dedica unas cariñosas palabras a los estudiantes, como si por esa época la decisión de dejar su legado a la Universidad de Chile a cambio de las dos becas para dos alumnos de Chillán ya estuviera tomada. “Alumno del Liceo de Chillán: Crea que sin conocerlo soy para usted tanto como una vieja amiga y que mi más íntimo deseo, mi inspiración mayor formulada en esa mañana otoñal por las que circula una tibia brisa inesperada, es que la generación suya, la que ahora puebla de esperanzas y de certidumbres las aulas de esa casa de estudios, sea una continuadora de la nuestra y que dentro de años, otro escritor salido de sus filas cuente a sucesivas generaciones la historia cierta y maravillosa de nuevos nombres para el trojo literario y artístico de Chile. Porque Chillán obliga”, finaliza.

Marta Brunet falleció en Montevideo, Uruguay, el 27 de octubre de 1967.

Comentarios