Debate sobre el rodeo

Por: La Discusión 11:15 AM 2017-08-09

Los últimos días se ha vuelto a discutir el valor del rodeo y su relación con el maltrato animal. Lo debates en torno a este tema están, en general, instrumentados por asociaciones protectoras de animales y por ello ha llamado la atención la controversia entre el alcalde de Las Condes, Joaquín Lavín y el ex ministro Pablo Longueira.

El primero decidió reducir de seis a tres los eventos del deporte corralero que se realizarán durante las Fiestas Patrias en su comuna y argumenta que busca estar a tono con una mayor sensibilidad de la opinión pública, mientras que Longueira lo criticó duramente haciendo una afiebrada asociación entre las organizaciones animalistas y la izquierda política. 

Descontando esta singular polémica entre las figuras gremialistas, para poder hacer un correcto análisis del valor del rodeo es necesario desprenderse de prejuicios y eslóganes y comprender su sentido profundo, como también las adecuaciones que ha ido experimentando para, precisamente, hacerse cargo de los cambios que experimenta la opinión pública frente a su práctica.

En efecto, las afirmaciones de sus detractores en el sentido de que el rodeo es una forma de maltrato resultan rectificadas por la realidad y la existencia de una serie de estándares de cuidado de los animales, como presencia de veterinarios y aumento del peso de los novillos. Además, las instancias de organización también deben analizarse, pues los propietarios de caballos y novillos suelen cuidarlos sin reparar en gastos ni en el tiempo que les dedican.

Igualmente, conviene tener presente que la ley de protección animal no fue dictada para impedir la continuidad y el desarrollo del rodeo -como están planteando algunos- sino que su razonable objetivo es evitar el maltrato y los actos de crueldad, entendiendo como tales aquellas actitudes humanas que sin ninguna justificación castigan con saña o maldad a los animales. En las actividades tipificadas como tales, con sabiduría la ley se omite cualquier referencia a la utilización de los animales para fines recreativos y deportivos. 

Bien sabemos en Ñuble que el rodeo se entrelaza con estilos de vida y costumbres de nuestras comunidades rurales. Su masividad y transversalidad lo hacen una actividad que integra y cobija un amplio espectro social y múltiples manifestaciones culturales. En torno a las medialunas se congregan artesanos y cultores del folclor que contribuyen a crear un espacio de identidad nacional, mientras hombres y mujeres que concurren solo quieren participar de una fiesta tradicional del campo, que en nada refleja las perversiones que a veces se denuncian.

“No nos dejan ni ser huasos”, afirmaba días atrás un conocido agricultor con esa sabiduría y sentido común propio del hombre ligado de verdad a la tierra. Ésa es la sensación que tienen todos aquellos hombres y mujeres que defienden un modo de vida, donde el rodeo constituye parte de antiguas tradiciones y vivencias. Por lo mismo, se le debería respetar como expresión de lo más profundo de nuestra ruralidad y ser nacional. 

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