[Editorial] De mal en peor

Por: Fotografía: Fernando Villa 10:45 AM 2017-08-08

Chillán se ubica en la lista de las 20 ciudades del planeta con peores índices de material particulado 2, el contaminante más fino y peligroso para la salud de las personas. Así lo establece el registro de mediciones consignados en la página web www.aqicn.org, que compara en tiempo real estaciones de monitoreo en línea de diferentes países. 

El portal, que contiene información online actualizada minuto a minuto e incluye las estaciones Purén e INIA, indicó el pasado jueves que ese día, a las cero horas, la capital de Ñuble mantenía estados de saturación del aire de 178 microgramos por metro cúbico (ug/m3) de MP2,5, catalogados como “Enfermo” por la organización internacional y  muy similar a lo que ocurría en las ciudades de Zhengzhou y Tianjin, dos de las urbes más contaminadas de China.

La comparación que de ese estado crítico se puede hacer con Chillán, referencia la gravedad del problema que sufrimos cada invierno y que como un rito solo captura el interés de las autoridades y la ciudadanía durante esta estación. 

Sin embargo, los resultados de este análisis comparativo nos interpelan a recordar que ya se cumplen dos décadas de debate sobre el problema y dos años de la implementación de un plan de descontaminación ambiental (PDA), sin embargo, al igual que el año pasado y los anteriores, los avances son muy cercanos a cero. 

El PDA, la supuesta solución a todos nuestros males, se halla coja, pues el Ejecutivo no lo ha dotado de financiamiento para la ejecución de sus medidas estructurales, los programas de aislación térmica de viviendas y recambio de estufas que apenas alcanzan un 1,43% de avance efectivo. El primero tiene solo 344 beneficiarios de un total de 20 mil y el segundo 228, siendo que la meta también son 20 mil familias.

Y nada nos lleva a pensar que las cosas cambiarán en el corto plazo, pues incluso desde el mismo Gobierno reconocen que el PDA no tiene financiamiento garantizado, de modo que difícilmente se cumplirán las metas comprometidas a 10 años plazo por ambos. 

Para los seres humanos, poder respirar aire puro representa mucho más que una pretensión razonable. Es una necesidad impostergable. No obstante ese válido reparo, los habitantes de Chillán y Chillán Viejo parecen estar condenados a padecer el riesgo de contraer enfermedades cada vez que aspiran una bocanada de aire en otoño e invierno.

El camino para descontaminar Chillán puede ser extremadamente largo si le sumamos errores propios y llegar a ser eterno si agregamos errores ajenos, como podría ser replicar aquí la misma debilidad financiera que sufrieron los primeros planes de descontaminación de ciudades como Temuco y Rancagua, que terminaron siendo estrepitosos fracasos.

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