Reserva de la Biósfera

Por: La Discusión 12:00 PM 2017-08-07

El Corredor Biológico Nevados de Chillán–Laguna del Laja tiene 565 mil hectáreas, desde la comuna de San Fabián de Alico hasta Antuco, en la Provincia de Bío Bío. Se trata de una gigantesca reserva de biodiversidad, con una muestra representativa de lo que se considera un área de transición ecológica, en el límite de dos ecosistemas en peligro a nivel mundial: el matorral mediterráneo de Chile central y el bosque lluvioso valdiviano. 

Estas características le confieren que sea considerado clave a escala de paisaje y ecosistemas y desde hace seis años sitio prioritario de conservación de la biodiversidad a escala nacional y global. 

Ante ojos inexpertos, aparentaría ser un paraíso, sin embargo, una mirada en profundidad y especializada sugiere que, a pesar de los desvelos de ambientalistas y naturalistas, el prolongado desinterés de las autoridades ha puesto en riesgo muchos de sus atractivos naturales. De hecho, esta fragilidad hizo que en 2011 fuese reconocido por la Unesco como reserva de la biósfera, declaratoria que persigue conciliar la conservación de la diversidad biológica con la búsqueda de un desarrollo económico y social ambientalmente sostenible. 

Su gestión está a cargo de un consejo que agrupa a 28 autoridades y representantes del sector productivo, de organizaciones sociales y académicas y desde el punto de vista operativo de un comité ejecutivo que agrupa a 8 servicios públicos y asociaciones de municipios. Este último estableció un conjunto de propuestas con los contenidos mínimos que son imprescindibles de incluir en un plan de preservación, cuyo financiamiento esperó 5 años y recién ahora cuenta con los recursos para contratar la asesoría técnica para construir un plan que garantice el uso sustentable y conservación del área inmensamente rica en flora y fauna.

El paisaje de esta reserva constituye un patrimonio natural único y, como tal, un atractivo insoslayable que representa un recurso fundamental para el desarrollo local. Si se degrada, no solo sufriríamos una pérdida ambiental, sino que  el lugar dejaría de ser atractivo desde el punto de vista turístico. Algo similar ocurre cuando, con el pretexto del progreso, se presentan proyectos de infraestructura que ponen en riesgo este patrimonio sin considerar las pérdidas que podrían causar.

Justamente por ello, contar con un plan de gestión tiene especial importancia, pues no solo considera la conservación de esta zona sino también el desarrollo productivo, pero en condiciones de lo que es estrictamente sustentable, incluyendo al turismo y actividades agrícolas que podrían ser identificadas y denominadas con un sello propio de origen, agregándoles valor por su condición de ser producidas en una zona con restricciones medioambientales.

Cabe recordar que en esta área se construirá el embalse La Punilla y hay proyectadas otras millonarias inversiones en materia energética y turística, de modo que establecer los contenidos mínimos para la gestión de este territorio representa no solo una oportunidad para impedir la pérdida de biodiversidad, sino un desafío para que diversas actividades económicas puedan crear desarrollo susentable. 

El Corredor Biológico Nevados de Chillán–Laguna del Laja tiene también una función de educador ambiental para que los ciudadanos puedan inspirarse en la naturaleza y aprender a valorarla y adoptar mejores conductas ciudadanas para el uso responsable de sus recursos. Para ello, además de gente capaz, es imprescindible contar con recursos que permitan desarrollar centros de información sobre su rica biodiversidad y poner en marcha un plan de manejo. 

La oportunidad está dada ahora y sería deseable que las autoridades supieran continuar impulsando cambios positivos para que la reserva conserve todo su esplendor. 

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