El hombre nuevo y la mujer nueva

Por: José Luis Ysern de Arce 2016-04-09
José Luis Ysern de Arce

Sicólogo, Sacerdote; Licenciado en Teología; Diplomado en Psicología Clínica; Master en Psicología; Doctor en Psicología. Docente Jornada Completa de Psicología Universidad del Bio-Bio. Asesor Nacional de AUC

Supongo que muchas personas han aprovechado bien los días de Semana Santa. Unos, más religiosos, han meditado, reflexionado, orado. Otros, quizás nada creyentes ni religiosos, los han aprovechado para descansar, relajarse, salir, hacer un paréntesis interesante en la rutina de todos los días. Lo importante es que unos y otros, cada uno desde su cosmovisión, se hayan sentido nuevos y renovados. Es bueno que después de pequeños oasis todos regresemos a nuestra rutina convertidos en mejores personas.

El hombre nuevo, la mujer nueva, es una persona convencida de lo que dice y de lo que hace, que se toma en serio a sí misma y a los demás, y que se siente responsable de sus actos. Es alguien que abomina de la mediocridad en todas sus formas. Por lo mismo, se exige ante todo a sí mismo lo que quiere ver de bueno en los demás. 

Hablar de hombre nuevo y mujer nueva en lenguaje psicológico recuerda a lo que en lenguaje bíblico alude a resurrección: vida completamente nueva. No se trata de que el cadáver vuelve a la vida para retomar la existencia de antes y de nuevo verse conducido a la muerte. Se trata de dejar atrás las obras muertas y comprometerse con un plan, programa, estilo de vida, completamente otro. Obras muertas son la mentira, el engaño, la hipocresía, la adulación, el afán de escalar puestos de poder, el consumismo, el aparentar, el valerse de la política o de la religión para el propio interés y autoexaltación. En una palabra, es obra muerta todo aquello que de alguna manera se convierte en agente de opresión, tanto para el propio sujeto como para los demás. 

En psicología es opresión todo lo que impide el desarrollo radiante, limpio, saludable, feliz, de la personalidad. De ahí que el hombre nuevo y la mujer nueva son personas que al tomarse en serio la vida, al asumir responsablemente el ser y hacer de cada momento, se convierten en personas subversivas en el ortodoxo sentido de la palabra. Sub–versión significa dar vuelta las cosas que están mal para que a partir de ahora estén bien. Por ejemplo, la autoridad política, económica, familiar y religiosa, está constituida en autoridad para que sirva a la comunidad; si está funcionando al revés, viviendo para su propio interés, habrá que darle la vuelta y ponerla en su lugar. 

Así lo entendieron los seguidores de Jesús cuando vivieron la experiencia de la resurrección de su maestro. Aquellos hombres que se habían caracterizado por su cobardía, pasividad, y hasta traición; que aspiraban a puestos de poder en aquel mítico reino que ellos imaginaban, se convirtieron en hombres nuevos a partir de la experiencia de la resurrección de Jesús. Todos dieron la vida por la causa: no los persiguieron por sus rezos y creencias religiosas (eso a nadie molesta); los persiguieron porque tomaron conciencia de que ya no podían seguir siendo cómplices de opresión alguna ni de opresor alguno. Se convirtieron en hombres nuevos y mujeres nuevas, que dejando a un lado su pasividad y comodidad, se rebelaron abiertamente contra aquel poder opresor que venía de los dirigentes del templo por un lado, y de los dirigentes del imperio por otro lado. Les dijeron claramente a los Pilatos de entonces y de todos los tiempos que no estaban dispuestos a someterse a diosecillo o reyezuelo alguno que les privara de su soberana libertad. 

El gran Wilhelm Reich, famoso psicoanalista del siglo pasado, decía que todo gran hombre debe darse cuenta de la responsabilidad que asume cuando trabaja, ama, odia o se entrega al cotilleo. Y añadía que la vida humana se fundamenta en tres pilares que se llaman: amor, trabajo y conocimiento. Este es el hombre nuevo y esta la mujer nueva que nunca serán esclavos de nada ni de nadie.

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